Trayectos con encanto I: de Madrid a Salamanca

Estrenamos esta sección de trayectos con encanto con una pequeña ruta que nos hará más llevadero el viaje entre estas dos capitales: una es la capital del país y la otra de la cultura, pues Salamanca es Patrimonio de la Humanidad, cuna de la Universidad más antigua de España y ciudad milenaria vinculada a figuras de renombre como Nebrija, Colón, Hernán Cortes o Unamuno.

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Para viajar de Madrid a Salamanca recomiendo encarecidamente pasar por el famoso puerto de la Cruz Verde. Para llegar a él lo más fácil (y atractivo) es tomar la salida 18 de la A6, seguir la carretera de El Escorial (M-505) pasando por Galapagar, el Escorial y, finalmente, ascender a este modesto puerto de montaña, que tiene más de tradición motera que de belleza paisajística, aunque es cierto que desde allí salen rutas muy interesantes y que es un punto de concentración de moteros especialmente concurrido los fines de semana.

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Un café en la Cruz Verde es la excusa perfecta para preparar la ruta, conocer moteros o admirar sus motos

Desde la Cruz Verde seguimos la M-505 dirección Ávila. Al poco nos encontramos con un paisaje encantador, lleno de árboles, entorno natural cuya belleza se magnífica por primera vez al atravesar el río Cofio a través de un inmenso puente cuyas no menos impresionantes vistas nos hacen pensar que Madrid, la gran urbe, está muy lejos.

Desde allí nos dirigimos a las Navas del Marqués, siempre por una carretera solitaria incluso en fin de semana, salvo alguna que otra moto que escapa, como nosotros, de las temidas y aburridas autovías.

Estamos ya en la Cl-505, carretera de un inusitado atractivo que no deja de sorprendernos por su cercanía a la capital madrileña. Poco a poco empiezan a aparecer rebaños de vacas, así como las formaciones de piedra que no nos abandonarán en todo el viaje.

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Así se muestra el paraje que nos acompañará, casi sin excepción, hasta Ávila

Antes de llegar a Tornadizos de Ávila pasamos el Alto de Valdelavía (1448 metros), punto geográfico que bien merecería la pena detenerse a conocer.

A partir de este puerto y hasta llegar a Ávila, la presencia de terneras se hace cada vez más patente, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta la fama del chuletón abulense.

Ávila, una ciudad impresionante que rebosa historia por cada ladrillo de su universalmente conocida muralla, debemos rodearla sin entrar en ella, a fin de dirigirnos a la carretera AV-110.

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Nunca hay demasiada prisa como para no sacar una instantánea que, como su propio nombre indica, nos retrasará poco

Una vez que dejamos atrás la ciudad de Santa Teresa de Jesús y Tomás Luis de Victoria, el entorno adquiere un caracter pastoril que será la tónica hasta llegar a Salamanca.

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En estos prados infinitos los cerdos irán ganando terreno a las terneras

Antes de llegar a Chamartín (el pueblo, no la famosa estación de trenes de Madrid), dejamos a nuestra derecha la preciosa Ermita de Nuestra Señora de Rihondo. Este tipo de arquitectura religiosa no suele apreciarse cuando viajamos por autovía a velocidades casi legales, así que debemos aprovechar la ocasión para detenernos y admirar esta maravilla.

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¿A quién no le apetece meterse con la moto hasta “la cocina”?

La inscripción que hay cerca de la Ermita dice lo siguiente [fuente: Wikipedia]: La Ermita de Ntra. Sra. de Rihondo se levanta en la primera mitad del S. XVII bajo la estética herreriana, construyéndose posteriormente la cabecera. Facturada con sillería de granito, responde a una planta de nave única que se corresponde con una cabecera absidada, en la que se erige una cúpula sobre pechinas. La espadaña se eleva a los pies. La nave aparece dividida en tres tramos por medio de pilastras, cubriéndose por medio de una bóveda de cañóndecorada con estucos. El retablo mayor supone un gran conjunto, con tres calles y un cuerpo sobre banco con ático semicircular. Data de la segunda mitad del S. XVIII. A ambos lados se ubican los retablitos. Una pintura de la sacristía de 1759, narra la caída del cura de Cillán ante un toro durante una de las corridas celebradas en las inmediaciones del templo en honor a la Virgen. Estos festejos se efectuaban en el coso cuadrangular anexo. Existe constancia de la celebración de fiestas de toros al menos desde 1646. En el S. XVIII el Obispado prohibió que se emplearan fondos de la ermita en las fiestas profanas, pero, de manera encubierta, continuaron conmemorándose hasta finales del S. XIX con ocasión de la romería del 13 de Diciembre en honor a la Virgen de Rihondo. La total ausencia de escudos y blasones nobiliarios pone de manifiesto que se trata de una obra enteramente popular.

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Aprovechemos mientras estos edificios sigan en pie

Pequeñas poblaciones como El Muñico o Cabezas del Villar apenas nos harán disminuir el ritmo, y la sensación de circular por tierra de nadie no cambiará ante unos núcleos urbanos tan reducidos.

Al llegar a Alaraz tomamos un pequeño desvío por una carretera “realmente secundaria” que nos llevará hasta Pedraza de Alba. Aunque el servicio de Streetview de Googlemaps nos muestre un asfalto bastante deteriorado, la verdad es que han tenido que asfaltarlo hace bastante poco tiempo, ya que el firme se encontraba en perfectas condiciones.

La siguiente población importante, donde quizás no estaría de más pararse a tomar algo, es Alba de Tormes, localidad de interés histórico ligada a la Casa de Alba y donde reposa el cuerpo incorrupto de Santa Teresa de Jesús.

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Desde el impresionante puente sobre el río Tormes se puede admirar la fachada inacabada de la Basílica de Santa Teresa a mi izquierda y el castillo de los Duques de Alba a mi derecha

Nos alejamos de Alba de Tormes tras cruzar su espectacular puente, construido sobre uno de época romana por el que transitaba parte de la Vía de la Plata, en concreto la que unía Piedrahita con Salamanca. Desde allí será la CL-510 la encargada de dirigirnos hasta la capital Salmantina, donde acaba nuestro primer trayecto con encanto y empieza la inolvidable y embriagadora visión de las dos catedrales de esta joya cultural y gastronómica que es Salamanca.

Salamanca

El casco histórico de Salamanca merece la pena desde la primera hasta la última piedra

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