Serranía de Cuenca: II Touratech Madrid Short Way Travel

El domingo 6 de abril de 2014 tuvo lugar la segunda edición del Touratech Madrid Short Way Travel, un evento que prometía mucho habida cuenta del éxito que tuvo su primera edición, una breve salida invernal que nos llevó a disfrutar de la parte más occidental de la Sierra de Gredos. Lo impresionante de la ruta y el excelente compañerismo de los moteros fueron factores que garantizaron que no tardaríamos mucho en repetir la experiencia, y quizás haya sido el mal tiempo de los primeros meses de 2014 (especialmente lluviosos y fríos) los causantes de que hayamos tenido que esperar hasta la primavera para juntarnos de nuevo. Pero nunca es tarde si la dicha es buena, y esta vez lo era.

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Es conveniente salir de ruta con los depósitos llenos de combustible

Los chicos de Touratech Madrid Store tenían previsto una ruta más larga que la anterior ya que las horas de luz en primavera así lo permiten. Cuenca fue la zona elegida, y hablando de las inmediaciones de Madrid, la elección fue acertada. Cuenca es una zona que conozco bien, pues la he recorrido bastante en moto y he escrito algunas rutas sobre su apasionante serranía, así que el principal motivo para viajar esta vez, al menos en mi caso, fue repetir la experiencia de la primera edición, saborear de nuevo esta camaradería automática que se genera entre moteros que nos se conocen a las nueve de la mañana, pero que acaban siendo amigos a las seis de la tarde. Por supuesto que Cuenca merece la pena. Siempre. Como muestra, aquí os dejo un pequeño video que grabé durante la ruta. Espero que lo disfrutéis (pido perdón a Juan, porque en los créditos me confundí y lo llamé “Rafa”).

La organización tenía prevista la salida para las 10:00 desde la misma tienda de Touratech, si bien debíamos estar una media hora antes para pagar la inscripción (20€) que daría derecho a la ruta, los guías, las herramientas de reparación que llevaban los organizadores y, por encima de todo lo anterior (o al menos ése es mi parecer), un suculento almuerzo que habían reservado en La Melgosa (el pueblo y el restaurante comparten nombre). Pero como todos teníamos ganas de empezar pronto la jornada, acabamos a las 9:00 en una cafetería cercana para tomar un buen y poco saludable desayuno (las cuñas de manzana estaban magníficas) y empezar a conocernos un poco más.

Más o menos a la hora prevista estábamos todos preparados e informados convenientemente de cómo se desarrollaría la ruta. En este punto, Yago (el responsable de la tienda y organizador del evento) demostró esa mezcla de profesionalidad y cercanía que lo hacen único y tan amigable. No es fácil lidiar con un grupo de más de 15 motos y 18 moteros (algunos viajábamos con acompañante), y tanto él, como María y Juan, estuvieron a la altura de lo que se espera de una buena organización.

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Yago y María, siempre dispuestos a echar una mano con una sonrisa amplia en la cara

Por cierto, y hablando de las motos, he de reconocer que ante la omnipresencia de la marca BMW (y en concreto su modelo 1200GS/Adventure), me alegré de la participación de una KTM 990 y una Ducati Multistrada, sobre todo esta última, una maravilla de modelo cuyo piloto tuvo que soportar los comentarios jocosos que la mayoría (y yo el primero) le hacíamos sobre las veces que se quedaría tirado…

En homenaje a lo que tuvieron que aguantar, aquí van dos buenas fotos de estas máquinas y sus pilotos:

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¡Aquí está la KTM demostrando que se desenvuelve bien en asfalto…

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… y aquí la Ducati confirmando que es la reina!

1. De Madrid a Cuenca


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Salimos de un Madrid soleado, aprovechado por los miles de corredores que apuraban sus cuerpos al máximo para terminar la media maratón madrileña. Grabarles con la cámara desde la moto me produjo una sensación rara, como si estuviera trabajando en un evento deportivo tipo vuelta ciclista o así. Pero lo que realmente me produjo una sensación rara, y creo que la mayoría de los moteros compartieron este sentimiento, fue la densa niebla que cubría la salida por la A-3. Nada presagiaba que fuéramos a tener un día despejado, a pesar de que las predicciones meteorológicas insistían en que disfrutaríamos de una jornada soleada como no se había dejado caer en lo últimos meses.

Al llegar a Nuevo Baztán la niebla había desaparecido por completo, y coincidió con un aumento en el interés de la ruta. Ya sabemos que, salvo que subas directamente a la sierra madrileña, escapar de la capital es un reto, algo que se va consiguiendo poco a poco, pues pasan muchos kilómetros hasta que dejas de sentir la presión de la gran urbe y te pierdes por carreteras secundarias y pueblos solitarios.

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Una vez que abandonas la ciudad, rodar se convierte en un disfrute…

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… sobre todo con paisajes tan primaverales como éste

Uno de los primeros alicientes paisajísticos lo encontramos en el enorme meandro que forma el Tajo cerca de la localidad de Zorita de los Canes (del que destacaría su castillo y las ruinas de la ciudad visigótica de Recópolis, único ejemplo de urbanismo y arquitectura visigoda de nueva construcción en Europa que puede contemplarse sin alteraciones posteriores, a diferencia de Olite). El entorno natural al que me refiero son los Cerros Margosos de Yebra y Pastrana, cuyas figuras esbeltas y color arcilloso confirman a los moteros que estamos lejos de Madrid. Al fin.

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Al fondo pueden apreciarse los Cerros Margosos de Pastrana y Yebra

Distinto carácter, en lo que a atractivo visual se refiere, nos ofreció poco después la central nuclear José Cabrera, actualmente no operativa. Admito, no obstante, que me resultó interesante desde un punto de vista industrial e histórico, pues no en vano se trata de la primera central nuclear española.

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La central nuclear al fondo y el Tajo, impresionante como siempre, en primer plano

La primera parada de la ruta tuvo lugar en la villa de Almonacid de Zorita, una pequeña localidad de la Alcarria con un nada desdeñable conjunto monumental que, por desgracia, quedó deslucido por las obras que tenían levantado todo el suelo de la plaza mayor.

Tras la parada, cafés de rigor, varios refrescos y algún pincho de tortilla, se retomó la marcha dirección Cuenca, a través de unas carreteras secundarias que multiplicaron el tiempo de llegada a la par que el disfrute de los moteros. Para llegar rápido a la capital conquense todo el mundo conoce la A-3 y el desvío por Tarancón que enlaza con la A-40, pero lo que se buscaba era precisamente evitar estas vías ordinarias a favor de un viaje tranquilo, sin prisas, recreándonos en el paisaje.

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Las carreteras olvidadas suelen ser un gran aliciente para los moteros

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Con un grupo así da gusto rodar

Teníamos reservada mesa para las 14:30, así que decidimos hacer tiempo subiendo hasta la parte más alta de Cuenca tras recorrer las impresionantes hoces del Júcar y disfrutar del mirador que se encuentra frente al restaurante El Torreón.

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Las hoces del Júcar y Cuenca al fondo: un espectáculo fácil de captar incluso en marcha

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Típica orografía conquense

En una de las curvas del “Camino de San Isidro” aprovechamos para sacar unas fotos y un video del grupo en movimiento. Después de que pasaran todos por la improvisada “pasarela”, Yago y yo nos quedamos un poco rezagados (como ya ocurriera en la primera edición) para sacar algunas fotografías.

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Primavera y moto: perfecta combinación

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Con lo pesado que soy pidiéndole que eche fotos en marcha, no entiendo cómo es capaz de seguir sonriendo…

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Ejemplo de la “Pasarela de Cuenca”: Yago dispara la foto, yo grabo desde la loma y el motero más senior posa para nosotros con la moto más nueva del pelotón

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Cuenca es preciosa desde cualquier ángulo que la veas

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Las famosas “Casas Colgadas”

Después de la breve parada en el mirador, nos dirigimos a un pueblo cercano a Cuenca llamado La Melgosa, donde disfrutamos de una magnífica comida. Especialmente destacables fueron un potaje de vigilia que parecía una alberca y unos postres de primer nivel, sobre todo la torrija, tan caramelizada que fue obligatorio repetir…

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No pudimos detenernos mucho en Cuenca, pero fue imposible no reparar en su peculiar Catedral

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La pequeña plaza frente al restaurante sirvió de improvisado aparcamiento para todo el grupo

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Arroz con leche, tiramisú, flan de café, bizcocho de chocolate y torrijas con natillas… ¡un despropósito para la línea!

2. De Cuenca a Madrid

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Fue después de la comida cuando la ruta se puso realmente interesante. De hecho, podemos considerar que el principal atractivo y casi la excusa de la ruta lo constituían las pequeñas y reviradas carreteras que nos llevaron desde Cuenca hasta Priego atravesando toda la sierra.

La primera parada obligatoria para todo aquel que no la conozca, es la estructura natural conocida como “Ventano del Diablo” (debido a la forma de calavera que adopta cuando se la observa desde un determinado ángulo). Lo más bonito, en todo caso, es lo que se aprecia desde dicha ventana diabólica…

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Pocos moteros que hayan rodado por Cuenca se han vuelto sin una fotografía como ésta

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Las carreteras atraviesan densos pinares, frecuentemente acompañados de paredes rocosas y las aguas mansas y cristalinas de los distintos arroyos de la zona

La última parada antes de volver del tirón hasta Madrid fue en Priego. Allí pudimos tomar un refresco y comentar la belleza de la ruta. Para los que conocíamos la zona fue magnífico poder volver, pero para los que ignoraban los encantos de Cuenca y su sierra, me consta que quedaron absolutamente impresionados. Todos coincidimos en que la ruta había sido muy larga para ser en domingo, y que habría merecido la pena haberla programado en dos jornadas… Chicos de Touratech, ¡ahí queda esa crítica positiva para la 3ª edición!

Para los que quieran conocer un poco más de esta zona, les invito a que lean algunas de las rutas de este blog, pues para eso están.

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2 Comments

  1. Coño mira que pequeño es el mundo,yo estuve en aras rural este invierno el de la tenere azul.
    Hay si me llego a enterar de que estabais por aquí os habría preparado una ruta que no habríais olvidado , si alguna vez te da por volver dame un toque.

    Un saludo

    P.D bonitas fotos.

    • Muy buenas, Carlos. ¿Tú eras al que se le salió la cadena o algo así? Creo que sí, porque eras el único que tenías una Teneré azul, jejeje. Gracias por el comentario. Pues si llegamos a saber que estabas por allí, claro que nos poníamos a tu disposición. Un abrazo fuerte

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