Rutas

Lo primero que me llamó la atención del mundo de las motos fue la solidaridad. Es verdad que al introducirte en esta afición que son las dos ruedas, y más si lo haces a una edad relativamente tardía como es mi caso, son muchos los atractivos que justifican que acabe convirtiéndose en una verdadera pasión: adrenalina, sensación de libertad, explorar nuevas rutas y pueblos olvidados, descubrir gastronomía insólita, conocer a compañeros que acabarán siendo amigos y hermanos de experiencias… pero insisto: lo que más me sorprendió, y sigue haciéndolo, es la solidaridad entre moteros.

Uno no puede más que congratularse por la cantidad de personas que, conociéndome o no, no dudaron un instante en echarme una mano, ya sea recomendándome unos neumáticos o una ruta en un foro, o bien directamente ayudándome a levantar la moto, enseñándome técnicas de conducción o compartiendo los trucos y consejos que da la experiencia. Incluso cuando viajamos en solitario no es infrecuente que el motero con el que cruzamos breves palabras en una estación de servicio se muestre receptivo si le pedimos ayuda, aunque ésta se reduzca a aliviar nuestra soledad con una conversación sobre cualquier tema (“¿de dónde vienes?”, “¿a dónde vas?” o “¡vaya moto más guapa!”). Se trata de una realidad tan conocida por todos nosotros, tan obvia, que casi resulta innecesario recordarla. Pero aún así lo hago, porque al fin y al cabo es la solidaridad lo que me impulsa a crear el proyecto MOTEANDO.

Una de las cosas que estoy aprendiendo cada vez que monto en moto es a conocer mis propios límites. No es algo exclusivo de este mundo, pues los años que he pasado entrenando artes marciales o estudiando una oposición también me ayudaron a conocerme mucho mejor, pero en el caso de las motos cada vez tengo más claro mis límites: a qué velocidad circulo tranquilo, qué tipo de viajes me gustan y cuáles no, hasta dónde llegan mis conocimientos de mecánica, etc. Y tras tres años muy intensos, reconozco que mis límites son muchos, consecuencia de mi reducida experiencia: apenas unos 30.000 kilómetros (repartidos por mitad entre una 650GS y la actual 1200GS), muchas rutas cortas por asfalto y pistas, algún curso de conducción off-road (BMW-GS-Days en Segurilla de Toledo y el primer curso MOTONÓMADAS 2013), pocos viajes largos y unas cuantas entradas en un blog.

Con un expediente semejante uno es consciente de que no es un piloto experimentado, que mis conocimientos sobre mecánica son casi inexistentes, que al equipaje de mis viajes siempre le falta algo… vamos, que no soy alguien al que pedir consejos sobre motos. ¿Cómo devolver, pues, tanta ayuda recibida desde mis comienzos? ¿De qué manera retribuir tanta solidaridad? ¿Qué puedo ofrecer, en suma, a este mundo de moteros tan especializados y expertos?

Con estas y otras cuestiones en la cabeza realicé en Agosto de 2013 uno de los viajes más largos y apasionantes de toda mi carrera motera, uno que me llevaría a utilizar el ferry para pasar de la península a la isla de Mallorca, y perderme durante diez días por esta verdadera joya para cualquier motero. A la vuelta la idea era, como siempre, escribir una entrada para el blog, con unas cuantas fotografías y algún que otro comentario gracioso. Pero fue mi pareja la que me sugirió la idea de escribir algo más complejo y serio. “Este viaje es más largo y completo que otros”, me dijo, “y creo que se merece un tratamiento más profundo que una entrada en tu blog”.

Fue así, de esa manera tan aleatoria y azarosa, como vi la luz. Las respuestas a las preguntas que me formulaba empezaron a tomar la forma de una futura guía de viajes. Si no podía dar consejos sobre motos, motores, neumáticos ni técnica de conducción, al menos podría facilitar el viaje a los que estén interesados en visitar Mallorca en moto. Cada vez que escribo una entrada dedico bastante tiempo, y reconozco que el resultado no me desagrada. Muchos moteros que las leen, en foros o fuera de ellos, me insisten en que siga escribiendo, porque les gustan las fotografías y, sobre todo, la peculiar manera de describir sentimientos y vivencias comunes para todos ellos. Cuando puse “Mallorca en moto” en el buscador de Google, tomé la decisión de escribir una guía. Aparte de una mención en la página web de Gustavo Cuervo y alguna que otra entrada en otros blogs, no había nada oficial, ninguna información escrita por moteros para moteros. ¿Qué mejor ocasión para rellenar este hueco que escribir una pequeña guía? ¿Qué mejor manera que hacer lo que más me gusta (escribir) y así ayudar a quienes quieran viajar a Mallorca?

Son las precedentes líneas un pequeño resumen del germen de MOTEANDO, pues lo que inicialmente sería una pequeña guía para viajar a Mallorca en moto ha acabado convirtiéndose en un proyecto mucho más ambicioso: un blog especializado en rutas en moto, escrito por un motero para moteros, con información útil, práctica, fotos llamativas y una redacción que incite a coger la moto nada más terminar de leer.

La mayoría de las guías de viaje  son objetivas, es decir, presentan la información de un modo riguroso, casi científico, pero poco personal o cercano. Los datos que contienen (muy interesantes, eso sí) suelen hacer referencia a horarios de establecimientos, restaurantes, museos, número de habitantes, idiomas, religión, gastronomía y otros caracteres del país o región que pretendemos visitar. Esta forma de asesorarse antes de un viaje está bien y todos hemos usado alguna vez una guía para orientarnos o facilitarnos la tarea de rellenar de la mejor manera posible “esos siempre escasos días de vacaciones” que tenemos. Pero cuando empecé a interesarme por las rutas en moto caí pronto en el hecho de que la mayoría de las crónicas de los blogs son subjetivas. Mucho. Los autores se deshacían en elogios hacia la comida que degustaban (aunque fuera un humilde bocadillo en un puerto de montaña), se extendían describiendo las curvas y curvas por las que habían circulado y, casi siempre, como si fuera un requisito indispensable, mostraban las fotografías de la ruta, en las que las motos adquirían un obsesivo protagonismo.

Una vez que me llegó la hora de escribir las crónicas de mis salidas en moto ya había interiorizado que el lector de rutas, motero la mayoría de las veces, quiere meterse en la piel de quien ha hecho el viaje, saber qué desayunó, si hizo mal o buen tiempo, qué decisiones tuvo que tomar cuando todo salió al contrario de lo que se planeó, y ese tipo de cosas. De esta manera se puede llegar a algo parecido a compartir el viaje desde casa, sentados frente al ordenador, y sentir ese pequeña motivación, ese acicate para hacer nosotros mismos una ruta parecida. Al fin y al cabo, si leemos los viajes de otros moteros será porque no estamos viajando nosotros, así que muchas veces buscamos en esas crónicas la inspiración para realizar nuestro propio viaje. Que nos digan que Andorra es un país de no sé cuántos habitantes y nos hagan un listado de los restaurantes más famosos puede sernos de utilidad, pero si leemos la crónica de un viaje en moto por los Pirineos doy por seguro que se prenderá la llama, y que las vicisitudes del viaje (tanto las desgracias como los momentos agradables) formarán un cóctel explosivo que acabará, gracias a unas siempre presentes dosis de envidia insana (no hay de otro tipo), haciendo que el próximo fin de semana agarremos nuestra moto y salgamos a buscar nuestras propias experiencias y sensaciones. Aunque sea para comprar el periódico y no para viajar a Andorra.

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Es necesario que la ruta te entre por los ojos…

Es por eso que las RUTAS del proyecto MOTEANDO parten de la intención de no ser una guía totalmente objetiva ni subjetiva, sino una mezcla de ambas. Soy consciente de que cualquiera que quiera buscar información sobre Extremadura tiene muchas herramientas a su alcance. Empezando por San Google y acabando por las abundantes y solventes guías de viajes publicadas, no creo que haya dato que pueda resistirse a quien quiera y sepa buscar. Resulta obvio que mi deseo no es escribir una guía que pueda sustituir lo que Anaya o Lonely Planet ya han dicho antes y mejor que yo. Por otro lado, cuando leo crónicas de viajes por Internet acabo echando en falta un poco de rigor en ciertos aspectos. Me gustan las fotografías de una moto al pie de un castillo, pero a lo mejor me interesa saber un poco más sobre ese monumento. Lo mismo puede decirse de un parque natural o de la gastronomía de la zona, que muchas veces son descritas de pasada, cuando no directamente omitidas.

Intentaré, pues, que las RUTAS de este blog sean, en la medida de lo posible, prácticas, útiles, que compaginen lo que de subjetivo hay en mi forma de ver y contar lo que pasa en el mundo con los datos objetivos y culturales que ayuden a apreciar mucho más el gran tesoro que tenemos al alcance de la mano, por mucho que nos empeñemos en mirar hacia otro lado.

Así que si pretendes conocer España en moto, ya seas un motero experimentado o un recién llegado, y encuentras en estas páginas algo de utilidad, me alegrará saberlo, dado que con esa única intención me pongo hoy a trabajar en ellas.

Navidad de 2013

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A todos vosotros van dedicadas estas rutas

1. Sector oriental de la sierra de Gredos (I Touratech Madrid Short Way Travel)

2. Mallorca en moto I

3. El castillo de Peñafiel y la ruta del Infante Don Juan Manuel

4. Aras de los Olmos: curso de Enduropark nivel 1

5. Aranjuez y la ruta por las vegas del Tajuña y el Jarama

6. Las Barrancas de Burujón

7. El Parque Natural de las Batuecas y la Sierra de Francia

8. Serranía de Cuenca: II Touratech Madrid Short Way Travel

9. Una aproximación a los Picos de Europa

10. Un paseo por Santoña de la mano de Martín Solana

11. Moteando los Alpes 2014: 1ª parte

12. Moteando los Alpes 2014: 2ª parte

13. Primer aniversario Touratech Madrid Store: una vuelta por la Alcarria

14. Ruta del cordero segoviano

15. Haciendo el cabra por la “sierra nevada” de Madrid

16. Puerto de Velefique y paseo por las Alpujarras

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