Romería a Guadalupe por el Parque Nacional de Cabañeros

Durante el pasado mes de noviembre tuvimos ocasión de hacer una ruta circular que enlazaba la capital toledana con la siempre fascinante población de Guadalupe, que sorprende a quien hasta ella llega por primera vez por su espectacular enclave, sensación que se acentúa si accedemos dejando a un lado la A5 y cruzando parte del Parque Nacional de Cabañeros.

Iniciamos esta pequeña ruta en un otoño más cálido de lo normal (el año 2015 ha sido en este aspecto asombrosamente atípico) mi mujer y yo en compañía de un socio de AEMOTUR y amigo nuestro, Luis Cabezas, que tenía ganas de darle un paseo a su Buell. Le pareció buena idea llegar hasta Guadalupe atravesando unas carreteras tan poco concurridas, y lo dice alguien que conoce la zona (más tarde me enteré de que se casó precisamente en Guadalupe).

1. De Toledo a Guadalupe

Nada más abandonar Toledo tomamos la CM-401 e hicimos una parada en Guadamur para fotografiarnos ante su castillo. Es una lástima que sea privado y la visita haya que concertarla en días concretos. Por otro lado, el interior está en plena restauración, así que tampoco nos perdemos tanto. Pero la estampa del castillo es impresionante y bien merecía una fotografía de recuerdo.

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El emperador Carlos V, sus padres Felipe el Hermoso y Juana la Loca, el Cardenal Cisneros o la princesa de Éboli (encerrada por Felipe II) fueron algunos de los inquilinos de este histórico castillo

Continuando por la CM-401, nada más atravesar Navahermosa, tomamos una bifurcación a la izquierda en dirección al pueblo de Hontanar. Se trata de la carretera CM-4157 que nos llevará a través del “Parque Nacional de Cabañeros”.

Es conveniente aconsejar a quienes tomen esta carretera del estado de su firme, que es francamente malo en buena parte del recorrido, y de las pocas estaciones de servicio que encontrará por estos montes. Si tienes una moto trail con buen depósito será agradable disfrutar de la sensación de “rodar alejado del mundo civilizado”, con minúsculos pueblos muy alejados unos de otros que apenas nos permiten abstraernos de la abrumadora vegetación que nos rodeará en todo momento. Si tienes una moto deportiva o con suspensiones duras te recomendaría que probaras otras carreteras alternativas a ésta (las hay y no tienen nada que envidiar), y si te sumerges con poca autonomía, puedes llevarte un susto en caso de que te pierdas por la sierra.

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Luis y su Buell posan en uno de los rincones mágicos que encontramos

La carretera revirada que lleva hasta el pantano de la Cíjara es traicionera por varios motivos: las curvas son muy cerradas, con hojas en el suelo, firme muy desgastado y, lo peor de todo, tan excepcionalmente bellas que es más que probable que desvíes la atención de la carretera, absorto como estará por el entorno. De hecho, hubo una vez que a Luis le hizo un extraño la moto y nos pegamos un buen susto (imagino que él se lo pegó más que yo).

A continuación os dejo una fotos que tomamos en marcha gracias al teléfono de mi acompañante y a su casi congelada mano cada vez que le pedía que se quitara el guante para echar una…

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Por el interior del Parque Nacional de Cabañeros

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Las formas retorcidas de los árboles nos sugerían detenernos a contemplarlas

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¡Y eso hicimos!

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Disfrutando de un inesperado y soleado día otoñal…

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La sombra esconde helada, y eso fue algo a tener en cuenta en más de una curva…

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Lástima que las precipitaciones de este año, escasas hasta marcar récords, nos dejaran un escenario tan triste como éste

Una vez que alcanzamos la N-502 la tomamos en dirección sur hasta Castilblanco, población tristemente recordada por los “Sucesos de Castilblanco“, ejemplo de las tensiones y desigualdades que existían en 1931 y que justifican el conflicto al que España se vería abocada unos años después…

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Sorpresas en cada cuneta: en esta ocasión fue un corzo que nos acompañó unos cuantos metros

Desde Castilblanco sale una carretera prácticamente recta que conduce hasta Alía, población serrana muy próxima a nuestro destino. Llama la atención en este tramo las subidas y bajadas tan pronunciadas que, a modo de montaña rusa, pueden hacer que se te levanten una o dos ruedas si vas ligero de acelerador. Al fondo se va divisando la sierra que protege celosamente a Guadalupe, indicador de que nos estamos acercando a la hora del almuerzo. Alía, único municipio de la provincia de Cáceres que permaneció fiel a la II República en 1936 basa su gastronomía en la fuerte actividad cinegética de la zona, ya notable en tiempos del rey Alfonso XI.

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El embalse de la Cíjara, aunque bastante seco, seguía marcando un contraste muy atractivo para la ruta

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Luis Cabezas disfrutaba de una ruta que no por conocida dejaba de ser interesante

Finalmente, será la EX-102 la carretera que nos mecerá suavemente hasta admirar Guadalupe, su celebérrimo monasterio y el maravillo espectáculo de la naturaleza que parece invadir todo lo que nuestros ojos contemplan.

2. Guadalupe

Al llegar a Guadalupe lo primero que debes hacer es dirigirte a su plaza y contemplar el espectáculo que allí parece formarse un día sí y otro también. En nuestro caso tomó la forma de un improvisado grupo de música que amenizaba las romerías particulares que guían a los que llegan a Guadalupe desde todas las partes de España.

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España es única a la hora de aunar fervor religioso con manifestaciones populares tan innatas al ser humano como la música y la danza

El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe ocupa un lugar primordial en la vida local, tanto física como económica y espiritualmente, hasta el punto de que bien pudiera sostenerse que durante siglos ha constituido el “motor de la región”.

Este monasterio, declarado Monumento Nacional en 1879 y actualmente elevado a la categoría de basílica, bien merece una visita. Si por fuera destacan la multitud de estilos arquitectónicos empleados, como el gótico o el renacentista, en su interior encontramos un claustro mudéjar de inusitada belleza. Mal hará el turista si no le dedica el tiempo que se merece a un monumento con tanta historia a sus espaldas…

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Por estas escaleras no dejó de subir y bajar gente en todo el día

Como en tantas ocasiones, este monasterio surgió primitivamente como un santuario tras la aparición de una imagen de la Virgen María en el río Guadalupe, aparición mariana que según rezan las crónicas contribuyó positivamente a la lucha contra el infiel musulmán, en concreto en la Batalla de Salado contra los benimerines allá por la mitad del siglo XIV.

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Como si estuviéramos en la Edad Media, la plaza alberga la práctica totalidad de la vida local de Guadalupe

El conjunto y su entorno tienen el honor de haber sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1993, y en su interior se encuentra enterrado ni más ni menos que el rey Enrique IV de Castilla, a cuya muerte sucedió la futura “Reina Católica” Isabel I.

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Un paseo por Guadalupe ofrece un buen ejemplo de arquitectura tradicional que se puede disfrutar sobre 2, 4 o hasta 3 ruedas…

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A juzgar por las motos aparcadas, no fuimos los únicos que encontramos atractiva la ruta a Guadalupe. Incluso el turista que fotografía un modelo en concreto parece ignorar el impresionante monumento que hay detrás…

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Magnífica portada renacentista que encontramos de casualidad y donde nació Gregorio López, famoso  humanista y experto en leyes

Como jurista me llamó la atención encontrar la casa donde vivió Gregorio López, célebre por sus comentarios a uno de los textos jurídicos más importante de la Historia de España: Las Partidas de Alfonso X El Sabio. Gregorio se casó con María Pizarro, prima del conquistador Francisco Pizarro.

Para almorzar no pudimos evitar la tentación de probar suerte en la Hospedería del Real Convento, y la elección no pudo ser más acertada. A un menú bastante digno y a buen precio, se unió la posibilidad de tomar un café en un pequeño claustro así como admirar los recovecos mágicos que se esconden a cada paso entre los casi milenarios muros del monasterio. Sin duda, para repetir.

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La entrada a la Hospedería no se encuentra en la plaza del pueblo, sino bajando hacia la izquierda y continuando pegado al muro del Monasterio hasta encontrar el parking de motos de la anterior fotografía y la gran escalinata que conduce hasta el restaurante

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Siempre conviene reservar en estos restaurantes con tan poco aforo, y hasta los detalles del nombre hacen que uno se encuentra a gusto antes de empezar a comer. El vino de la zona de Cañamero (Trampal, Bodegas Ruíz Torres) servido como “vino de la casa” fue una agradable sorpresa…

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Imagen policromada de la Virgen de Guadalupe

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Colón visitó a los Reyes Católicos en el monasterio de Guadalupe hasta en dos ocasiones, y es que en aquella época lo del “crowfunding” estaba complicado… 🙂

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¿No apetece tomar un té?

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En este mismo claustro se casó Luis Cabezas

3. Vuelta a Toledo por la Comarca de los Ibores y Oropesa

La vuelta a Toledo fue bastante más rápida pero no por ello menos placentera, dado que la orografía de la Comarca de los Ibores constituye un ejemplo de relieve “apalachense” digno de contemplar desde la moto. 

La Comarca de los Ibores destaca por los relieves paralelos que forman “cuestas” o filas montañosas asimétricas, más abruptas en un lado que en otro, lo que produce una formación parecida a la que se encuentra en los Apalaches norteamericanos y de donde recibe su nombre como modelo geológico. Sin duda ello se aprecia mejor a través de las numerosas rutas de senderismo que dirigen a puntos interesantes como cuevas o minas que inundan la zona, pero también desde la moto se puede apreciar un paisaje único en la península y que nos dejará con ganas de recorrerlo a la inversa.

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A partir de aquí todo es disfrute para el motero: asfalto perfecto, curvas enlazadas y “balcones” naturales desde los que observar un entorno natural de excepcional belleza

En el pueblo más poblado de la comarca, Castañar de Ibor, aprovechamos para comprar varios de los famosos quesos de la Denominación Protegida de los Ibores. Es una lástima que a la fecha en la que escribo esta crónica ya no sobrevivan ninguno de los tres quesos que compramos, pues las fiestas navideñas exigieron dar buena cuenta de ellos. Pero reconozco que no me importaría tener a mano un trozo, aunque fuera pequeño, de este delicioso y tradicional producto derivado de la leche cruda de las cabras de una sierra cuyos encantos tanto trabajo me cuesta describir.

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El Embalse de Valdecañas nos avisa de que se acaban los Ibores y comienza la temida y aburrida A5… menos mal que al fondo nos recibe la siempre reconfortante sierra de Gredos.

Aunque teníamos prevista la vuelta directa por autovía, para no llegar muy tarde a casa, aprovechamos la cercanía para visitar, no Talavera de la Reina (lo que nos hubiera consumido un tiempo del que no disponíamos), sino Oropesa y su Parador Nacional. Buena elección para tomar un café junto a una chimenea y reflexionar sobre el viaje mientras el sol caía rendido tras las montañas.

El Castillo de los Condes de Oropesa, erigido sobre una fortaleza romana por los árabes, da muestras de su esplendor allá por el siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X. Dos siglos más tardes tendría lugar entre estos mismos muros una enconada resistencia al Emperador Carlos V por parte del comunero Juan de Padilla. También se hospedaron en el mismo personajes históricos de la talla de Santa Teresa de Jesús y el propio Emperador mientras se completaba la construcción de su retiro en Yuste.

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Castillo y Parador Nacional conviven en perfecta armonía para regocijo del turista que desee hospedarse o “restaurarse” entre sus muros

Al subir al restaurante por la escalera que da acceso al patio encontramos un azulejo dedicado a Fray Hernando de Talavera, confesor de la Reina Católica entre otros títulos y cargos de un curriculum vitae que agota sólo de leerlo. Esto es lo que puede leerse de tan célebre personaje (la foto que saqué salió muy oscura):

“A Fray Hernando de Talavera (1430-1507) Familiar y protegido de los Álvarez de Toledo, señores de Oropesa, niño cantor de la Colegiata de Talavera de la Reina, catedrático de la Universidad de Salamanca, monje jerónimo en San Leonardo de Alba de Tormes, prior de Nuestra Señora de Prado de Valladolid, confesor de Isabel la Católica y su consejero real, supremo organizador de Castilla a finales del siglo XV, obispo de Ávila y administrador de Salamanca, impulsor de la Gramática Española de Nebrija, examinador de los proyectos de Colón y su protector, reformador de la nobleza y de las órdenes religiosas, primer arzobispo de Granada, santo alfaquí apóstol de los moriscos, modelo para la evangelización de América, detractor y, finalmente, víctima de la Inquisición, varón integérrimo y castellano perfecto, fraile escueto de ayunos y tipo ideal de obispo”

Ahí es nada…

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Abandonamos el castillo como debe ser: a lomos de nuestro flamante corcel motorizado

Finalmente, la CM-4000 nos devolvió a la realidad actual de Toledo, no sin antes recordar que pasamos cerca de las Barrancas de Burujón, de la que algo se contó en otra ocasión en este blog.

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