Primer aniversario de la moto y de regalo una viaje al G.P. de Jerez

Hace un año exactamente que compré la BMW 650GS, y con sus 10.000 kilómetros en las ruedas le ha llegado la hora de un buen regalo de cumpleaños: ¡viaje al Gran Premio de Jerez! ¡Arrancamos!

En este año de experiencia motera han sido muchas las ocasiones en las que he disfrutado de la moto. Podría decir que casi cada kilómetro ha sido una experiencia agradable, pero ello sería rebajar la importancia que ciertas salidas han tenido (rutas por la sierra de Guadalajara, Madrid, País Vasco, Pirineos y ahora el sur de España).

Los moteros españoles dicen que hay dos tipos de motoristas: los que se han caído y los que se van a caer. Por ahora (y espero seguir así) pertenezco al segundo grupo. También dicen que hay que ir al menos una vez a Jerez. Este fin de semana pasado llevé a cabo esta peculiar peregrinación a la “Meca” de las dos ruedas españolas.

La salida desde Madrid fue todo menos propicia: lluvia y más lluvia. Por suerte Andalucía me recibió con los brazos abiertos y con el sol que la caracteriza allende nuestras fronteras.

Para los que no conozcan esta “Puerta de Andalucía”, pasado el parque natural de Despeñaperros, se trata de una estación de servicios del grupo ABADES. Recomiendo encarecidamente pasearse por su sección de embutidos del Valle de los Pedroches y por su “Museo del aceite de oliva”.

Para evitar hacer el viaje de una sola tacada, aproveché para descansar en Córdoba, donde me esperaba mi buen amigo J.M con el que viajaría al día siguiente. Cuesta mucho dejar la ciudad califal cuando te tratan tan bien.

Las maletas llegaron en perfecto estado y sirvieron para poder llevar lo necesario para todos los días. Y para descansar del trayecto, un anticipo de las Cruces de Mayo…

Al día siguiente nos levantamos pronto y pusimos rumbo a Cádiz. Viaje emocionante (por la cantidad de motoristas que nos acompañaban por la carretera) y duro (por la lluvia y el fuerte viento pasado Sevilla). La tarde las aprovechamos visitando un poco la ciudad, tan bonita y acogedora como siempre.

Cádiz lucía sus mejores galas tras la celebración del bicentenario de la Constitución de 1812. Circunstancia, todo sea dicho, que aproveché para hacerme con un excepcional libro sobre el particular: “El Cádiz de las Cortes” de Ramón Solís. Y para tragar mejor esta obra de arte, nada mejor que un poquito de manzanilla, boquerones, gambas blancas y distraídos…

La jornada de entrenamientos y clasificaciones fue espectacular. A pesar de la lluvia, la Tribuna Ducatti nos permitió disfrutar de una situación muy cerca de una curva por la que fueron desfilando ases de las dos ruedas como Pedrosa o Lorenzo. Tuve que alimentarme bien para tener fuerzas suficientes a la hora de recordar dónde aparqué la moto… (¡qué bueno es justificarse y sugestionarse!)

Por la noche asistimos al tradicional espectáculo de motos extravagantes y tubos de escape atronadores. La noche del Puerto de Santa María con su pescaito frito nos ayudó a no atragantarnos con alguna que otra horterada…

Al día siguiente tuvo lugar el esperado día del Gran Premio. Entonces es cuando uno se da cuenta de la cantidad de motoristas que se amontonan a los alrededores del circuito.

Y dentro del circuito, la situación no era diferente: miles de personas disfrutando del espectáculo y conteniendo el aliento cada vez que frente a nosotros tenía lugar un adelantamiento inesperado o un posible choque entre pilotos. Los había incluso que tocaban la flauta…

La carrera fue impresionante, y eso que uno que escribe no es seguidor ni fan del motociclismo. Pero el ambiente hace que vibres con cada movimiento que estos pilotos hacen frente a ti. Verlos tumbarse en las curvas, hacer equilibrios para evitar caer o realizar adelantamientos imposibles no tiene precio. Mereció la pena y mucho.

Nos despedimos de Cádiz con mucha pena, y algunos locos como yo nos bañamos en la playa de la Caleta más por cabezonería que porque el tiempo invitara a ello. A la vuelta pude echar una fotografía a un grupo de “Sultanes” cordobeses con quienes espero repetir futuras salidas en moto. La vuelta a Madrid la hice en compañía de un inglés y su Triumph Boneville y, al llegar, tocó revisión de los 10.000 kilómetros y primer aniversario de mi “gesita”…

Concluyo este pequeño homenaje y repaso a todo un año de disfrute agradeciendo a todos los que me han animado a ello: J.M, J.C,. Bego y, especialmente, Gulusmero, con quien espero retomar en breve la senda de los campos y montes de España… ¿o dijimos Marruecos? 😉

PD: Si alguien va a Cádiz, por favor, que pruebe esto y me diga qué tal está: es que no le eché cojon…

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