¿Moteando?

Motear suena a barbarismo, lo sé, y en parte lo es. Es algo así como coger la palabra inglesa “motorcycling” e incrustarla en el léxico castellano a fuerza de repetición y uso incorrecto. Ya sabemos que esa facilidad del idioma de Shakespeare para agarrar un sustantivo y transformarlo en verbo añadiéndole la desinencia “-ing” no encuentra fácil acomodo en la lengua de Cervantes, pero tampoco nos importa mucho: es frecuente decir y escuchar “vamos a motear por Andalucía” o “estamos moteando”. Ello responde al hecho de que aunque contemos con una gramática castellana desde Nebrija, más antiguo es el saber popular que hace de la regla y su excepción una misma cosa.

A pesar de lo anterior, debo confesar que el título de este blog no responde a un intento de su autor por incorporar definitivamente un extranjerismo al vocabulario español. Soy transgresor, pero no tanto: con la lengua me gusta ser preciso y riguroso. La idea del título viene del significado de la propia palabra “moteando”, sí, pero no del significado al que antes me he referido, ¡sino del significado que tiene en castellano!

Motear es “salpicar de motas una tela, para darle variedad y hermosura”, según el diccionario de la RAE. Es decir, coger una tela y ponerle motas de colores para adornarla. Se puede motear un traje de flamenca con lunares rojos, pero no se debe confundir este concepto con las motas de café que caen sobre nuestra camisa: eso es manchar, no motear.

Aquí es donde traigo a colación el juego de palabras que está detrás del título y, por ende, de todo el proyecto que constituye este blog: la piel que se motea es España, la piel de toro así llamada desde que el geógrafo griego Estrabón escribiera allá por el siglo I antes de Cristo que “Iberia se asemeja a una piel de buey extendida a lo largo de Oeste a Este, con los miembros delanteros en dirección al Este, y a lo ancho de Norte a Sur”.

pieldetoro

Tengo en mi despacho un mapa de la península ibérica muy grande que me sirve para proyectar nuevas rutas y recordar las anteriores. Al ir marcando los sitios en los que he estado, me doy cuenta de que el mapa se va llenando de “motas”, puntos de colores que dan variedad y hermosura no sólo al mapa en sí, sino al conocimiento que tengo de mi país y de lo afortunado que me siento de tener tantas cosas interesantes a tan poca distancia. Viajar en moto te hace más vulnerable, pero también más permeable a lo que te rodea: puedes sentir la naturaleza recatada de una campiña de un modo que difícilmente se consigue en coche, oliendo el campo, mezclándote con los lugareños, descubriendo la belleza escondida en parajes remotos. Sin duda, España es una piel muy interesante para motear en moto…

Mi afán por conocer España y disfrutar de todo lo bueno que puede ofrecernos no responde a un chovinismo trasnochado. He viajado allende las fronteras de mi país, y aunque no soy Willy Fog, reconozco que tampoco puedo decir que “no he pasado del tranco de la puerta”: Portugal, Francia, Luxemburgo, Italia, Austria, Alemania, Suecia, Finlandia, Estonia, Croacia, Norteamérica, Japón tres veces…

Si ahora quiero centrarme un poco en nuestra tierra es porque lo considero justo, consecuente con la tesitura actual. Sufrimos una crisis de la que sólo saldremos si creemos que podemos salir. Tenemos que confiar en nuestro producto, nuestra marca, nuestras virtudes. Hay que apoyar a nuestros agricultores, fomentar el turismo interior, consumir los productos españoles que a veces importamos del extranjero más por desconocimiento que por voluntad. Previo a todo ello es imprescindible conocer de verdad y valorar lo que tenemos en casa, y si con estas rutas consigo que al menos un motero sepa de la existencia de un pueblo encantador, un lago maravilloso o un queso sensacional, estaré satisfecho y sabré que mi esfuerzo ha merecido la pena.

La piel de toro está preparada, inmaculada, lista para que entre todos pongamos nuestra pequeña mota de color.

¿A qué esperas para motear España?

piqueta

Sólo faltas tú… y no te asustes por la picota: sólo sirve para dar sombra.