Moteando los Alpes 2014: 2ª parte

[Viene de la primera parte]

Día 5. De Chur a Livigno, atravesando el celebérrimo Passo dello Stelvio

Para quitarnos el mal sabor de boca (literalmente) de la noche anterior en Chur, nada mejor que afrontar la que se presentaba como una de las etapas reina de nuestro particular Tour Motero por los Alpes: el Passo dello Stelvio.

FLÜELA PASS (2383)

El paso de Flüela nos dejó un poco indiferentes, lo cual es normal cuando estás esperando llegar rápido a las cercanías del Stelvio. Nada que objetar a este paso que une las ciudades de Davos y Suchs, pero salvo un pequeño lago junto al hospicio (construido en el año 1900), no hay mucho que destacar. Como ocurre en tantas otras ocasiones, la apertura de una ruta alternativa a través de túneles ha aligerado considerablemente el tráfico rodado de este paso, lo que es de agradecer por los moteros.

Fluelapass

Tan “gris” me pareció el paso que he decidido dejar la foto así, ¿algún problema?

Aunque no esté haciendo referencia a la calidad de los parajes que encontramos entre un paso de montaña y el siguiente, sobra decir que ésta es sobresaliente sin excepciones. Son tantos los atractivos que estas carreteras albergan que no podría describirlos todos, así que me limito a que os hagáis una idea con los videos y las fotos. La sensación de conducir, no obstante, es única, irrepetible e indescriptible.

Como ejemplo, a la bajada del paso de Flüela, al fondo de uno de los muchos valles que contemplamos en cada ruta, divisé un río al que se podía acceder por una pequeña pista. La estampa que se adivinaba era más propia de otras latitudes (yo pensé en Canadá, así que imaginaos). Le pedí a José María que me acompañara para echar unas fotos, y se portó como un jabato con su Monster…

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¿En serio no parece Canadá?

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Aunque no se ve en la fotografía, a la derecha del todo había un fotógrafo que se había metido con el trípode en el río hasta las rodillas. Me consoló saber que no era el único que había encontrado pintoresco aquel paraje

OFEN PASS (2149)

El Passo del Forno (así llamado por los hornos que se utilizaban desde antaño en la zona para la metalurgia) nos pasó mucho más desapercibido todavía que el Flüela: no tenemos pegatinas ni video. Ni siquiera fotos. Literalmente lo pasamos de largo en nuestra búsqueda del Stelvio. Todavía teníamos el recuerdo de los grandes pasos de montaña alpinos del día anterior y, sinceramente, ni el Flüela ni el Ofen Pass nos llamaron la atención.

Creo que pasar rápido por estos puertos fue una idea acertada, porque nos permitió llegar a lo más alto del paso del Stelvio antes de que cayera un chaparrón y dejándonos buena parte del día por delante para deleitarnos ante semejante espectáculo.

Como curiosidad de este paso os diré que en 2004 se encontró en sus inmediaciones una armillaria (hongo de miel) de proporciones poco menos que acojonantes: más de un milenio de edad y más de 500 metros de diámetro. ¿No te lo crees? Lo haría si supieras que estos hongos gigantes son más frecuentes de lo que pensamos y el del Passo del Forno no es en absoluto el más grande. ¿Sabes cuál es el organismo vivo más grande del mundo? Pues se trata de un hongo de la misma familia de cerca de 2400 años de edad y un tamaño cercano a las 880 hectáreas (1665 campos de fútbol, para los que su afición a este deporte no les permita el uso de otras unidades de medida).

Ahí es nada. La naturaleza, en todas sus variadas formas, es una sorpresa constante…

PASSO DELLO STELVIO (2758)

El día se justificó desde el momento en que pasamos Prato del Stelvio y enfilamos el tan esperado paso de montaña. El tramo que va desde Trafoi hasta las cercanías de Bormio es sencillamente espectacular, un disfrute para los sentidos y en todos los aspectos posibles. Ahora que lo pienso, estos pocos kilómetros (nada en comparación con el viaje completo) justificaron no sólo el día, sino todo el viaje: llegar hasta aquí en moto compensa todos los contras que un periplo como éste conlleva.

¿No conocéis cómo es este paso de montaña? Pues echad un vistazo:

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Sin palabras

Este puerto mítico para los ciclistas, pero que en la actualidad disfrutan también los moteros y muchos propietarios de coches clásicos que aprovechan el buen tiempo del verano para lucir sus monturas por el segundo paso más alto de los Alpes (justo por detrás de los 2770 metros del Col de l`Iseran), puede ser plenamente disfrutado en cualquiera de sus dos vertientes. Parece una perogrullada, pero muchos moteros saben que no siempre los puertos de montaña están equilibrados en el interés y atractivo que muestran en sus dos caras, subiendo o bajando respectivamente cada una de ellas.

En el Stelvio, para alegría y disfrute de todos, encontramos una primera parte (la más famosa y fotografiada) con un trazado de ensueño y unas vistas a las montañas nevadas impresionantes, y una segunda parte (la que nos llevará a Bormio) que encadena curvas rápidas de las más bellas que he visto, así como una serie de túneles excavados en la piedra que llegan a poner los pelos de punta.

Lo primero que me llamó la atención a medida que subíamos era la nieve. Siempre había visto las famosas fotografías del Stelvio (parecidas a la que he puesto más arriba), y en ellas siempre destacaba el limpio trazo del pavimento sobre un falda de la montaña de tonos marrones y verdes. Pero poca nieve, salvo en la época invernal, por supuesto.

Pero en cuanto comprendí que la parte opuesta a la subida está repleta de montañas nevadas (lógico por otro lado, al tratarse de uno de los puertos más altos que cruzamos en la ruta), no pude evitar sacar algunas fotografías:

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El Passo dello Stelvio ofrece muchas caras distintas a quien tiene la suerte de cruzarlo, y todas ellas son interesantes

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Satisfacción, satisfacción y satisfacción. Mi cara no refleja otra cosa…

Nos habían advertido de la posibilidad de encontrar mucho tráfico en la subida, lo que siempre es un inconveniente para el disfrute del motero. Pero, como ya ocurriera cuando el verano pasado visité el Puerto de Sa Calobra (Mallorca), todo es cuestión de oportunidad y suerte. Y nosotros tuvimos buenas dosis de ambas: llegamos a lo alto del paso justo antes de que cayera un chaparrón de aúpa y sin apenas tráfico.

El siguiente sueño llamado a cumplirse fue el de Imanol, que tenía una doble fijación con el famoso Stelvio: quería que subiéramos por una pista de montaña “olvidada y sucia” y que le sacara una foto con las famosas tornanti del Stelvio.

Pero antes de meternos en faenas de barro y charcos tuvimos que coger fuerza a base de Bratwurst:

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Es triste decirlo, pero después de varios días en Suiza tuvimos que llegar a Italia para comernos una “salchicha alemana” en condiciones. Este momento de descanso, con Bratwurst en una mano y una birra en la otra, fue uno de los hitos destacados del viaje: mi cara lo refleja a la perfección

El puerto en sí me decepcionó, porque la cantidad de puestos de venta que ofrecen recuerdos de todo tipo para la satisfacción del turismo de masas es excesiva. Parece que estuvieras en un centro comercial. La sobriedad de cualquiera de los puertos de días anteriores me resulta más atractiva.

Pero estábamos en el Stelvio, henchidos de ilusión, ignorando las nubes negras que también habían descansado al llegar a lo más alto del puerto y descargado toda su mercancía en forma de una lluvia fría e incómoda, y con el estómago lleno podíamos afrontar el reto que nos proponía Imanol.

Dejamos a José María a cargo de nuestras maletas (Imanol, como buen vasco, no las quitó  😉 ) y subimos por una pista plagada de piedras sueltas y, lo peor de todo, con una pendiente considerable. No tuvimos mayor problema para subirla: los neumáticos Tourance Next se portaron y el piloto hizo lo que pudo. Quizás me molestó un poco la mochila sobredepósito (al subir, y por efecto de la pendiente, me golpeaba en la barriga y me limitaba algunos movimientos), pero tampoco fue para tanto.

Allí arriba las vistas eran aún más atractivas. El entorno parecía sacado de otro planeta, como si hubiéramos acabado en la luna…

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Daba la sensación de que rodábamos por otro planeta…

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Nada detiene a Imanol cuando se le mete en la cabeza una idea

La famosa fotografía deseada por Imanol, con los tornanti del Stelvio de fondo, la he usado como cabecera de esta segunda y última parte del viaje: realmente creo que es una buena foto que refleja y resume toda nuestra aventura. A Imanol le dedico, pues, esta cabecera.

Pero yo, aprovechando que me había visto obligado a meter a Bravía por aquel pedregal (mentira, porque disfruté como un enano con la adrenalina de subir por la pista), también aproveché para sacar unas cuantas fotos:

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Resulta difícil creer que apenas unos minutos antes estaba lloviendo a cántaros. Pero así es la naturaleza cuando estás en alta montaña, impredecible a la par que sobrecogedora

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Nieve, piedras, nada más

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Mientras que la máquina del fondo requiere ocho kilogramos de cadena para las ruedas, Bravía muestra orgullosa que ha subido descalza…

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Aquí pueden apreciarse las dos caras de esta vertiente del Stelvio: la montaña verdosa de la izquierda y la grisácea y nevada a la derecha

La bajada del Stelvio no tiene nada que envidiarle a la subida. Es simplemente diferente, pero merece la pena bajar y subir otra vez si se dispone de tiempo. Nosotros, por desgracia, ya habíamos perdido mucho tiempo y las nubes volvían a la carga, así que bajamos rápido, haciendo más curvas que fotos (y para una que quise hacer se me escurrió la pata de cabra y se me cayó la moto al suelo… cosas del directo).

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La instantánea de la cara menos conocida del Passo dello Stelvio mereció la pena, ¿o no?

PASSO FOSCAGNO (2291)

Poco antes de llegar a Bormio tomamos la carretera que nos conducirá hasta Livigno, nuestro destino, atravesando el último puerto del día: el paso de Foscagno. Nada que destacar de él, saturados como estábamos (y como sigo estando) de la majestuosa visión del Stelvio…

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Foto de rigor

Livigno es una pequeña población de la Lombardía conocida como el “pequeño Tíbet”, y que resulta interesante, entre otros aspectos, por el hecho de ser una zona franca exenta del pago de ciertos impuestos, lo que se notó a la hora de repostar gasolina para nuestras agotadas monturas. La villa de Trepalle, en las cercanías de Livigno, está considera la población permanente habitada más alta de Europa (2250 metros).

Livigno

Sugerente y atractiva vista de Livigno

Aquella noche nos albergamos en el Hotel Albergo Centro´S, que no nos decepcionó en absoluto: habitaciones respetables, buen precio, cochera subterránea, magnífica comida en el restaurante y una camarera que no nos dejó indiferentes.

Y para los que hayan llegado hasta aquí, como premio, ahí va el vídeo de una de las jornadas más intensas de todo el viaje. Disfrutadlo.

Día 6. De Livigno a Orta de San Giulio

Aunque yo había dormido plácidamente en Livigno, Bravía se levantó con achaques: dos o tres intentos de arrancarla me hicieron temer que me había quedado sin batería. La incidencia era inexplicable porque hacía dos meses que había comprado una nueva batería (Odyssey PC-535) bastante buena y llevaba suficientes kilómetros como para tenerla cargada hasta arriba. Además la moto había dormido en un aparcamiento subterráneo, o sea que tampoco es que hubiera pasado frío. Por suerte arrancó al cuarto intento, justo cuando el resto de la expedición empezaba a mirarme con malos ojos: ya teníamos bastante con el tema de la gasolina de José María como para añadir otro problema más a la alforja…

Cuando regresé a España y dejé la moto parada diez días, amaneció totalmente descargada. Ahora interpreto esos fallos previos como un aviso de que algo no funcionaba. Opté por comprar un cargador de baterías en Norauto, desmonté la batería, la cargué en casa y todo solucionado. Al menos por ahora.

Pero volvamos a Livigno. Nos esperaba una jornada con pocos puertos y muchos kilómetros, así que con mucha lástima nos despedimos de la camarera del hotel (que apareció por la mañana inexplicablemente vestida como si fuera un sábado por la noche en una discoteca) y pusimos rumbo al siguiente paso de montaña.

BERNINA PASS (2328)

En el paso del Bernina pudo haber acabado el viaje. Al menos para Imanol y para mí. La estampa del Lago Bianco fue demasiado tentadora para evitar que Imanol bajara a hacer una fotografía del mismo. Yo, cinco minutos más tarde, advertí la presencia de un tren cuyas vías transitaban por el lateral del lago: se trataba del famoso Bernina Express que circula entre Chur y Tirano. Como no podía ser menos, decidí bajar hasta el lago siguiendo los pasos de Imanol para echar una foto mientras pasaba el tren…

Casi nos la pegamos. Así de claro. Yo bajaba y él subía. Por una pista de tierra. Cada uno mirando para cualquier sitio excepto adelante, que es lo contrario a lo que recomiendan dos tipos de personas: los vivos y los muertos.

En el último momento nos separamos un poco y chocaron las maletas. Si no llegamos a darnos cuenta de que venía el otro, hubiéramos corrido el riesgo de chocar de frente, con el consiguiente daño para las motos y (qué demonios) los pilotos.

Por suerte todo quedó en un susto. Una anécdota. Ahora, cuando veo el vídeo, me hace hasta gracia…

El trayecto continuó con tranquilidad y sin sobresaltos hasta St. Moritz, una comuna suiza del cantón de los Grisones famosa por haber sido sede en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1928 y 1948. También tuvo lugar el Campeonato Mundial de Esquí Alpino de 2003, y toda la zona es un foco turístico de primer nivel, principalmente relacionado con los deportes de invierno.

Reconozco que el paisaje que lo rodea es espectacular, como puede apreciarse en el vídeo anterior (en esta jornada hubo pocas paradas para fotografiar). La vida que tenía el Lago de St. Moritz en verano contrastaba con la idea que tenemos de una estación de invierno: lanchas, veleros, canoas y medio pueblo disfrutando de aquel entorno natural tan llamativo.

JULIERPASS (2284)

En el Julierpass tuvimos ocasión de hacer una pequeña parada y encontrarnos con uno de esos moteros que encuentran satisfacción decorando su motocicleta hasta los límites del mal gusto y la vergüenza ajena. Aquello no parecía una moto, más bien una coche fúnebre que daba mal rollo.

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Lo único bueno es que no vuelca. Lo malo es todo lo demás…

Por si alguno piensa que el nombre de “Julier” posee reminiscencias romanas, está en lo cierto: restos de un templo romano y mapas de aquella época se encontraron muy cerca del Julierpass, lo que denota la importancia que este paso de montaña tuvo para los descendientes de Rómulo y Remo.

Uno de los atractivos de esta ruta lo encontramos en el desfiladero de Viamala. Ya los romanos conocían esta garganta estrecha que constituía el principal obstáculo para unir las montañas de Splügen y el San Bernardino. La etimología está clara: camino malo. Y a juzgar por las fotografías, parece que ha sido así durante más de mil años.

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En la actualidad se conservan dos puentes, estando prohibido el acceso rodado por uno de ellos

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Imanol hace equilibrios sobre uno de los puentes por los que cruzó Goethe en junio de 1788 en su viaje a Italia

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La ruta que desciende al fondo de la garganta es abismal (nunca mejor dicho)

Más adelante, pasado Splügen, la ruta discurre por un valle muy pronunciado con paredes casi verticales. Una de ellas deberemos subirla gracias a una tortuosa y revirada carretera para llegar al siguiente paso de montaña y el último del día.

SAN BERNARDINO (2066) 

Cuando llegamos a lo más alto del Paso San Bernardino una niebla densa y oscura surgió de la nada para tragarnos de un bocado y dejarnos más perdidos que Jonás en la barriga de la ballena. Aprovechamos que no se veía un pimiento para tomar algo en el hospicio. La comida fue tan bochornosa (algo a lo que poco a poco nos estábamos acostumbrando a marchas forzadas) que no aguantamos ni los 3 días de Jonás ni las 3 horas que seguro que duró aquella niebla: en menos de una hora ya estábamos de nuevo en carretera.

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Con un día así la mayoría de los moteros prefieren seguir la marcha sin detenerse

El tramo que va desde el San Bernardino hasta Bellinzona fue uno de los que más disfrutamos. Tantos las curvas como las rectas transcurren entre uno de los valles más largos que he cruzado en mi vida: se trata de conducir encajonado entre dos paredes verticales de más de un kilómetro de altura, plagadas de saltos de agua y cascadas cada cinco minutos. Este espectáculo dura muchos kilómetros. Y por mucho que bajemos nunca dejamos de vernos rodeados por montañas majestuosas y cascadas infinitas. Y lo de bajar lo digo literalmente: de los 2066 metros sobre el nivel del mar del San Bernardino pasamos a los 238 metros de Bellinzona, por una de las carreteras más increíbles que conozco. Imanol y yo nos “encelamos” con unos holandeses que tenían ganas de matarse en alguna curva…

Toda la diversión de este tramo se olvidó nada más llegar al Lago Maggiore. Y no es que éste fuera feo, que no lo es, pero la carretera que nos llevó desde Locarno a Verbania transcurría paralela al lago y congestionada por el típico tráfico de viernes de agosto. La temperatura superior en quince grados a la que teníamos en lo alto del San Bernardino terminó por hacer de estas últimas horas de ruta un verdadero calvario.

Finalmente alcanzamos nuestro destino: la maravillosa y romántica villa de Orta de San Giulio, junto al Lago d`Orta, mucho más pequeño que el Lago Maggiore y, por suerte, ignorado por los turistas.

El hotel que habíamos reservado el día anterior estaba un poco alejado del pueblo, en Ameno. Se trata del Albergo Monterosa, un hostal barato, modesto, que a ratos pasaba por parecer un castillo de los que habitaba Drácula en las películas de la Hammer Productions. Uno de sus moradores fue bautizada como “La Dama del Lago”, lo que dio objeto a múltiples bromas y chanzas. Lo normal cuando cuatro amigos llevan a la espalda miles de kilómetros y no pocas cervezas en el cuerpo, obligados como nos vimos a cenar en el hotel ante el diluvio que nos cayó, por suerte, nada más llegar al hotel. La cena, todo hay que decirlo, estuvo muy bien: pasta fresca y postres caseros. Estábamos en Italia, no en Suiza, y eso se nota al segundo.

Día 7. Jornada de descanso y turismo por el Lago d´Orta y el Lago Maggiore

Aquí nos acercamos al cumplimiento del sueño de los dos miembros del grupo que quedábamos. Nada más abrir el grupo de Facebook “Moteando”, José María colgó una fotografía de la Isola de San Giulio, la única isla que hay en el Lago d´Orta y que cuenta en su interior con una basílica, una abadía benedictina, un restaurante y unas villas preciosas. Ambos nos enamoramos de una maravilla como esa y no lo dudamos: “¿Cuándo vamos?”, pregunté. “¿En coche o en moto?”, respondió. Y como si estuviéramos ante una versión más educada del famoso “¿A que no hay huevos?”, no hicieron falta más palabras para saber que tarde o temprano estaríamos ante esta joya del Piamonte.

La idea de dejar descansar las motos y nuestros cuerpos antes de empezar el viaje de vuelta no es en absoluto una locura: estiras las piernas, la mente y haces algo de turismo de a pie, que tampoco está nada mal.

Por la mañana temprano nos acercamos a Orta de San Giulio, a los pies del Lago. A diferencia de los pueblos que habíamos cruzado en las anteriores rutas, el refinamiento artístico de los italianos se notaba a cada paso que dábamos. Crisol de culturas griega y romana, Cristianismo, Renacimiento, todo esto y más es Italia.

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Hasta una tienda de artesanía puede resultar atractiva cuando se piensa en el detalle con esmero

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“CARPE DIEM”… ¡y tanto que lo hicimos!

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En algunas calles te sorprendías con fugaces visiones de la Isola de San Giulio

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La Isola de San Giulio era conocida como la “Acuarela de Dios”, por la belleza que destila desde cualquier lugar que la contemples. Aquí, hasta los pintores se quedan de piedra sin poder empezar ni el cuadro…

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Ligar es fácil en un entorno así

Desde la plaza central de Orta de San Giulio salen los barcos que llevan hasta la Isola de San Giulio, en mitad del lago. Apenas dos euros y cinco minutos separan un paraíso de otro.

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A medida que el barco nos acercaba a la isla, José María y yo veíamos nuestro sueño cumplido

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La mezcla de historia y arte en tan poco espacio es sobrecogedora

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También los pequeños rincones escondidos tienen encanto

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Querubines escondidos escoltan a los turistas que caminan por la “Vía del silencio”

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Las fugaces vistas a los patios interiores relevaban espacios de armonía y relax

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Esto es comer con vistas íntimas y lo demás son tonterías

Para nuestra desgracia no pudimos entrar en la basílica porque en su interior celebraban una misa fúnebre en honor a una religiosa muy conocida en el pueblo que había fallecido a los 94 años. Apenas pude introducir la cabeza unos segundos, lo suficiente para arrepentirme de no disponer de más tiempo para poder admirar aquella joya de la arquitectura religiosa. Quizás en una próxima ocasión tenga más suerte.

Tanto la “Vía del silencio” como la “Vía de la meditación” que recorren el interior de la Isola de San Giulio constituyen sendas ocasiones para disfrutar, precisamente, del silencio que la meditación conlleva (y exige), por lo que recomendaría que las paseáramos en soledad, brindándonos a nosotros mismos una pequeña “isla” de intimidad en mitad del viaje.

De vuelta a Orta de San Giulio cogimos las motos y viajamos hasta el Lago Maggiore, en concreto hasta Stresa. Mucho más agradable que la carretera nacional SS229 es atravesar el monte y el bosque que separa ambas localidades.

Stresa es una villa muy turística donde nos sorprenderán los lujosos hoteles de Piazza Marconi. Desde su puerto salen numerosos ferrys con los que podremos conocer algunos de los lugares más famosos del Lago Maggiore: las islas Borromeas (Isola Madre, Bella y San Giovanni).

Nosotros nos decidimos por algo diferente, pues para ver una isla bonita ya habíamos tenido ocasión en el lago d´Orta. Nuestra opción fue el Monasterio de Santa Caterina del Sasso Ballaro.

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Foto de rigor antes de tomar el barco

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El monasterio lleva desde el siglo XIV incrustado en la roca, ofreciendo uno de los perfiles más pintorescos que he visto nunca. Desde 1914 es declarado monumento nacional.

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Uno de los monjes momificado

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Cuenta la leyenda que una gran roca se desprendió de la pared de la montaña y cayó sobre el monasterio. Años más tarde terminó de caer al lago sin haber producido ninguna víctima mortal. Desde aquel momento se consideró que una intervención divina había obrado un milagro. Parte del techo quebrado por la roca todavía puede apreciarse desde el interior

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Estos monjes sí sabían: aquí vemos una prensa manual de vino y aceita de gran tamaño y 700 años de antigüedad

La visita al monasterio es muy recomendable, sobre todo llegando en barco (es posible acceder en coche hasta una escalera de piedra que nos llevará desde arriba hasta la entrada del monumento). Pasear por este edificio tan antiguo e imaginarte la vida de sus primitivos moradores es simplemente espectacular.

Al volver a Stresa comimos algo, dimos un paseo para reposar la comida y, por supuesto, catamos un helado italiano de verdad.

helado

Todavía me estoy relamiendo

De vuelta al hotel, una ducha rápida y pusimos rumbo al Sacro Monte di Orta, un santuario al que se accede un poco antes de llegar a Orta de San Giulio. Es uno de los nueve montes sacros del Piamonte y la Lombardía incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. En su interior encontraremos hasta veinte capillas dedicadas a San Francisco (santo por quien en Orta se siente especial devoción), siendo la más antigua de finales del siglo XVI.

De nuevo, otro paseo agradable y culturalmente interesante antes de cenar. Las capillas son bonitas, aunque se encuentran en un estado bastante deplorable. Lo mejor, sin duda, son las vistas al lago.

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Esta capilla neoclásica fue abandonada a mitad de construcción por la irrupción en Italia de las tropas napoleónicas

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Imponente vista de la Isola de San Giulio

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Estuvimos un largo rato paseando por el Sacro Monte di Orta para hacer tiempo y esperar a que atardeciera. Mereció la pena, sin duda

Una vez que se hizo de noche anduvimos un poco por Orta (nunca es suficiente) y cenamos en una pizzería muy agradable, cuyo nombre no recuerdo (creo que era La Caverna). Estaba en la vía Giovanetti, a la que se accede desde la Piazza San Giulio (en el centro de la localidad). Es la calle que queda a la izquierda del abandonado Albergo Orta. Pizzas magníficas, de masa fina, local humilde y buen precio. Lo mejor de todo: la amabilidad en el servicio de los italianos. Tal fue la cercanía que sentimos (al fin y al cabo, españoles e italianos somos fratelli), que al acabar de cenar me metí en la cocina y busqué a la Mamma para echarnos una foto con ella.

la foto

Igual que en Suiza, vamos…

Día 8. De Orta de San Giulio a Courmayeur

La mañana del octavo día de viaje fue triste: nos tocaba separarnos de un miembro del grupo. Mientras que Ginés, José María y yo volvíamos hacia España, Imanol continuaba su viaje hasta Eslovenia. El instante de la separación se recoge en el anterior vídeo, pero ahora, con la cabeza fría, puedo confirmar que efectivamente lo echamos de menos. Nos habíamos acostumbrado a su carácter tan jovial y sincero. Como una buena 1200GS por el barro, Imanol también nos dejó huella…

Los últimos días del viaje pasan rápido, como si ya hubiéramos visto todo lo que teníamos que ver y quisiéramos volver pronto a casa. Aunque todavía quedaba alguna sorpresa, es cierto que lo más interesante del viaje ya había pasado y ahora se trataba de volver a España de la forma más amena posible.

SIMPLON PASS (2005)

Como su nombre parece indicar, el Passo del Sempione nos pareció simple e insulso, aunque la principal causa de ello fue que el tiempo no acompañaba y eso siempre afecta en la percepción que tienes de los distintos puertos.

Después del Simplon Pass encaramos el valle del Ródano, del que tan mal recuerdo guardábamos. Y en esta octava jornada, como ya ocurriera en la tercera, volvimos a sufrir los aspectos más negativos de este valle aparentemente idílico: altas temperaturas y mucho tráfico.

El mapa que he puesto más arriba no debe llevaros a engaño: no hay que tomar la autopista de peaje (de color verde). A veces el Googlemaps se vuelve loco y hace lo que quiere, así que me curo en salud y os repito que el mapa es sólo una sugerencia. Si os metéis en autopista y os pillan sin la viñeta suiza… ¡allá vosotros!  😉

GRAN SAN BERNARDO (2473)

Todo lo anodino del Simplon Pass y del valle del Ródano desparece cuando empezamos la subida del Gran San Bernardo, uno de los pasos más clásicos de toda Europa, pues ha servido de puente de unión entre distintos pueblos a lo largo de los siglos. En época romana se construyó un templo dedicado a Júpiter, de ahí la originaria denominación de Paso del Monte Júpiter.

Copio a continuación una información que puso Carlos Olmeda en Facebook, en el grupo Europa en Moto, que me pareció muy interesante.

El Gran Paso de San Bernardo no era más que un pequeño sendero, hasta que en el año 43 de nuestra era, por órdenes del emperador Claudio, fue ampliado para permitir el paso de carruajes, y le fue dado el rango de Camino Imperial.

Un pequeño templo en honor a Júpiter (Jovis Pater) fue construido sobre el paso, a casi 2500 metros sobre el nivel del mar, al cual le fue anexado un pequeño hospicio para alojamiento de los viajeros. El paso era el cruce más importante de los Alpes, además de ser el camino más corto para llegar a la última conquista romana: Britannia. En honor a Júpiter, la montaña fue rebautizada Mons Jovis.

Hacia el año 500 de nuestra era, tras varios ataques de tribus germánicas, el paso fue perdiendo importancia, y fue poco transitado por varios siglos.

Durante la época medieval recobró algo de su protagonismo, aunque estaba plagado de ladrones que emboscaban a los viajeros.

Según la leyenda, el monasterio fue fundado hacia el año 1050, por Bernardo de Montjou, diácono de Aosta, quien fuera canonizado en 1123.

Décadas después, cuando ya el paso era conocido como Mont-Joux, comienza a recobrar su antigua importancia como camino obligado para los peregrinajes a Roma.
Es recién en el siglo XVI que al paso, al monasterio y al hospicio se les da el nombre de San Bernardo.

Los primeros perros llegan al hospicio entre 1660 y 1670, como perros de guarda.
Las referencias escritas acerca de los perros del hospicio datan de 1703, y en 1707, según los registros, se pierde uno de los perros en una avalancha.

En 1774, M. J. Burrit escribió sobre el hospicio y sus perros, y por primera vez describe el trabajo de los monjes auxiliando viajeros y peregrinos extraviados, y la invalorable asistencia de los perros del hospicio, quienes aportaban su notable desenvolvimiento en la nieve y sentido de orientación.

Durante los más de 200 años que los perros sirvieron en el Paso de San Bernardo, se cree que fueron rescatadas unas 2.000 personas.

Acerca del legendario barril de licor sujeto al cuello de los San Bernardo, se cree que un alpinista de apellido Meissner es quien primero lo describe, en 1816, y luego el famoso pintor inglés Edwin Landseer, en 1850, aunque los archivos del hospicio nunca lo mencionan.

San Bernardo

Una de las pocas fotos que pudimos sacar, cuando la lluvia nos dio un respiro

En lo más alto del paso del Gran San Bernardo decidimos resguardarnos en su hospicio, como tantos otros viajeros hicieran antes que nosotros. Allí compré una navaja suiza, que es una tontería, pero me hacía ilusión.

La ruta terminó en Courmayeur, una pueblo muy turístico tanto en verano como en invierno (especialmente en invierno, por las estaciones de esquí de las inmediaciones). El famoso túnel del Mont Blanc conecta este pueblo italiano con Chamonix.

Día 9. De Courmayeur a Briançon

Ante nosotros pasaron en esta jornada los últimos pasos de montaña alpinos del viaje. Un día triste y nostálgico, sin duda.

PICCOLO SAN BERNARDO (2188)

Al poco de dejar Courmayeur comenzamos la subida al Col du Petit Saint-Bernart (no confundir ni con el San Bernardo ni con el San Bernardino). Para ello debemos conducir en dirección a La Thuile.

En el paso del Pequeño San Bernardo la carretera atraviesa un círculo de piedra de 72 metros de diámetro, parte del cual puede todavía observarse. En el centro de dicho círculo existió una gran piedra, lo que hace pensar que quizá se tratara de un santuario o lugar sagrado de ceremonias y rituales de, por lo menos, 2500 años de antigüedad. Monedas encontradas datan la estructura en la Edad de Hierro.

En época romana existió un templo dedicado a Júpiter y un pequeño edificio para servir de hospicio a los viajeros. Se cree que Aníbal marchó con sus tropas por este paso en la ofensiva cartaginesa contra Roma.

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A veces lo mejor de los pasos de montaña lo encuentras cuando te alejas un poco de ellos

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Viento y lluvia, pero si hay que tender la moto, se tiende

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¿Perdido? Nunca. Perderse no es sino otra forma de empezar una nueva aventura

COL DE L´ISERAN (2770)

Este paso de montaña constituye, junto al Col du Galibiert, los dos últimos ejemplos de puertos alpinos majestuosos que veremos en lo que queda de ruta. Desde el Val-d´Isère encontramos una carretera que transcurre por ambas caras de uno de los valles más cautivadores que hayamos visto.

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Cuando detuve la moto a mitad de la subida del Vall-d´Isère y saqué esta fotografía, sabía que ya tenía fondo de pantalla para el ordenador

Siguiendo un poco más adelante llegamos al punto más alto del paso de montaña, donde aproveché para echarme una foto haciendo el cafre en la la carretera pavimentada más alta de los Alpes.

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Si la carretera estaba a 2770, yo quería estar un poco más alto

El entorno que rodea el Col de l´Iseran es maravilloso: montañas grises salpicadas de manchas blancas nos rodean, un paisaje al que la nieve no le es ajeno, ni siquiera en verano.

Pero como se suele decir, no es oro todo lo que reluce, y las últimas alegrías que el viaje nos reportaba quedarían truncadas ante el incidente de José María. ¿Recordáis que os dije al inicio del viaje que el susto con el tema de la gasolina no era el único que nos había dado? Pues subiendo al Col du Telegraph, poco después de tomar el desvío de San Martin-d´Arc, a José María se le salió la cadena…

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Si no tienes las herramientas adecuadas, algo tan simple como esto puede echarte a perder un viaje y, lo que es peor, darte un susto en la carretera…

Las reiteradas llamadas y la larga espera a la grúa nos hicieron un perder un tiempo muy valioso para disfrutar del Col du Galibiert o del casco histórico de Briançon (que fue declarado Patrimonio de la Humanidad UNESCO en 2008). Unas horas más tarde se llevaron la Monster al taller, así que Ginés montó a José María y yo empaqueté sus maletas en mi moto como pude para poner rumbo a Briançon lo antes posible. Llegamos de noche, con tiempo justo como para cenar y descansar (yo aún pude darme un baño en la piscina del hotel antes de que la cerraran).

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Tranquilos, no estaban tan cabreados, les pedí que posaran así porque es lo pedía la foto (lo cual no significa que no estuviéramos un poco contrariados)

COL DU GALIBIERT (2645)

Al punto más alto del Tour de Francia se llega atravesando el Col du Telegraph (o el Col du Lautaret si lo hacemos en sentido contrario), que pasa casi desapercibido ante la magnificencia del Galibiert. Este puerto es uno de los más antiguos del Tour y de los que más veces se ha subido (57 ocasiones). No paramos a echar fotos y apenas pudimos grabar unas imágenes con las cámaras de vídeo, pero sí puedo reconocer que, a pesar de la niebla que se acumuló en la subida, el puerto es abrumador, salvaje, espectacular. La bajada hasta Briançon, por su parte, fue muy rápida, quizás por las ganas que teníamos de llegar al hotel (Suite-Home Briançon Serre-Chevalier, muy bien de precio y con piscina, sauna y gimnasio).

A veces hablamos de diferencias de sólo cien metros, pero los pasos de montaña que superan los 2600 metros muestran una orografía peculiar y característica, mucho más atractiva (a mi parecer) que la de los puertos más modestos.

Podría decir que el incidente con la cadena había arruinado nuestra subida al Galibiert y el disfrute del patrimonio histórico-artístico de la segunda ciudad más alta de Europa (Briançon), pero la verdad es que cuando viajas con buenos compañeros las tragedias se relativizan pronto. Molestia, puede. Incomodidad, a lo mejor. Pero nada más.

Acabamos la noche riéndonos, como todas, a pesar de que los viajes largos entre pocas personas acaban creando situaciones de estrés que no siempre se saben reconducir. Este viaje tampoco se libró de sus malentendidos, piques y rencillas, lo que es lógico cuando se juntan cuatro intereses distintos y cuatro maneras de ver y hacer las cosas. Pero me alegro de que prevaleciera el buen rollo por encima de los “rebotes”, y la amistad sobre el enfrentamiento.

Día 10. De Briançon a Carcassone

Jornada de vuelta, nada destacable. Autovía y autopista a mansalva para llegar a tiempo de visitar la histórica ciudad fortificada de Carcassone. Nada aparte de calor y aburrimiento.

En Carcassone tuvimos la mala suerte de que el hotel que habíamos reservado por Booking estaba completo (eso nos dijeron nada más llegar) y nos reubicaron en uno cercano, más propio de Norman Bates que de personas normales. El Hotel Le Terminus se portó muy mal, y recibió las quejas correspondientes a través de la denuncia que hice en Booking, y el hotel Bristol (al que nos reubicaron) es bastante deplorable. Pero la oferta hotelera estaba completa y ya estábamos demasiado cansados para discutir, así que nos duchamos, nos dimos una cena homenaje para concluir el viaje y bajamos la comida perdiéndonos entre las murallas de la Citè de Carcassone. Para los que no conozcan esta maravilla medieval, les recomiendo que la visiten, aunque sea un día. Se trata de un recinto fortificado perfectamente restaurado y Patrimonio de la Humanidad desde 1997. Caminar por sus calles es como viajar por el tiempo, literalmente, aunque mejor hacerlo de noche, cuando la masa de turistas y puesto de venta ambulante hayan desaparecido.

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José María, en su paseo matutino, nos mandó esta bonita estampa de Carcassone

Día 11. De Carcassone a Madrid

Último día del viaje. Ginés marchó para Valencia, José María acabaría pasando el día en Carcassone, (esperando que la compañía aseguradora le tramitara su vuelta a Córdoba) y yo tracé una ruta por los Pirineos y Andorra, como si no hubiera tenido suficientes puertos de montaña.

Cualquier mención a la niebla que me pilló en Pas de la Casa, la visita a la Seu de Urgell o el derrape que me hizo la rueda trasera rodando por el “País cátaro” no serían sino meras anécdotas dentro de lo que ha sido uno de los mejores y más ambiciosos viajes de mi vida. Así que me las guardo en la memoria y termino ya esta crónica, que ha sido suficientemente larga y densa, aunque espero que no aburrida.

Lo hago con un vídeo y un comentario que aparece en él. Pasando la frontera en Andorra, un agente de la aduana me indicó que parara la moto y la aparcara a un lado. Me dijo que abriera una de las maletas. Mientras lo hacía, el agente me preguntaba cosas sobra la moto (¿Cómo va? ¿Vienes de lejos?). Al igual que ocurriera el primer día, cuando dos guardias civiles nos tuvieron un rato parados mientras elogiaban las excelencias de mi moto (llegué a pensar que iban a confiscarla), ahora el agente no prestaba atención al contenido de mi maleta, de lo cual deduje que su interés se centraba, de nuevo, en Bravía.

Mientras arrancaba la moto me preguntó si el viaje había estado bien, y le dije que sí. Metí primera y anduve apenas unos metros. Entonces recapacité y decidí ser justo con lo que había vivido: levanté la visera del caso, miré hacia atrás y le grité “¡ha sido una puta pasada!”.

Porque eso, amigos, es lo que ha sido este viaje. Ni más ni menos.

Gracias, Ginés, José María e Imanol, por acompañarme en esta aventura inolvidable. A vosotros va dedicada esta entrada, así como a cualquiera que, leyéndola, se anime a seguir algunos de estos pasos que nos llevaron a cumplir los humildes sueños de cuatro moteros como nosotros…

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19 Comments

  1. Pingback: Anónimo

  2. Gran crónica, grandes fotos y grandísimo viaje. Hace que he empezado a seguirte y me gusta mucho cuentas tus viajes y las fotos que haces.

    Enhorabuena, y espero vernos cualquier día en aguna carretera y poder tomar un cervecita.

    • Muchas gracias, Roberto. Me alegro de que te gusten las rutas. Eres libre de usarlas y compartirlas en tu blog si lo ves bien.
      Un abrazo y queda pendiente esa cerveza!

  3. Pingback: Ruta del cordero segoviano | MOTEANDO

  4. Vuelvo a quitarme el sombrero, fenomenal cronica, este año tenia pensado viajar a Suiza y por problemas de salud de mi mujer no pudo ser, lo tengo pendiente.
    Por cierto que cámara de fotos usas.

    • Uso una Sony Alpha 350, antigua y bastante normalita.
      Espero que el problema de tu mujer pase pronto y puedas estar subiendo en breve al Stelvio, por decir un puerto feo… 😉
      Un abrazo.

  5. Hola muy buenas… El viaje y la crónica me parecen la leche… preciosa.. Sin embargo en la etapa de chamonix vía de mezzo veo que hay mucha carretera rectilinea y tambiién comentaís que el paso es tortuoso por el calor y la densidad circulatoria… Se puede hacer esa etapa con otro itinerario más atractivo??

    • Muchas gracias, Pedro.
      La verdad es que hay pocas opciones, salvo que quieras dar una vuelta más larga. Por ejemplo, subir hasta Spiez, Interlaken, Brienz, Meiringen y de ahí al Nufenenpass pasando antes por el Grimselpass.
      Un saludo.

  6. Hola..en primer lugar decirta que la ruta y forma en que lo vas relatando es sencillamente espectacular..no me canso de ver las fotos y videos..me apasionan este tipo de rutas..yo de momento solo he llegado a los pirineos y viene impresionado xo viendo esto me ha dejado sin palabras..es un sueño que ojalá pueda cumplir algún día..
    Una preguntilla si no es mucha indiscreción..para un viaje de este tipo por cuanto dinero aproximadamente te puede salir en total

    • Muy buenas, José Jesús.
      Gracias por los comentarios. Me alegro de que te haya gustado la ruta y la crónica en el blog. La verdad es que los Alpes son el “paso obligado” siguiente a una ruta por los Pirineos, por lo que te animo a planificarla para el año que viene o el siguiente, si es necesario ahorrar un poco más.
      Respecto al dinero, no sabría decirte. Con el googlemaps puedes calcular la ruta y hacer un cálculo aproximado de los kilómetros. Luego calculas el coste de la gasolina, teniendo en cuenta de que tanto en Francia como en Suiza o Italia suele ser más alto que en España. Puede que en internet veas más o menos el precio medio en estos países. Finalmente, puedes buscar hoteles medios, de 60€ la habitación doble, o bien optar por campings, que suelen ser más económicos. La comida no suele ser buena por esa zona, así que compras pan y haces bocadillos podrás ahorrar algo y no te perderás mucho. Eso sí, en Italia, aprovecha y pégate un homenaje…
      Recibe un abrazo y aprovecho para recomendarte unirte a la página de Moteando en Facebook y, especialmente, al nuevo proyecto que hemos iniciado: AEMOTUR, la Asociación Española de Mototurismo. Cuenta con su página de Facebook y su web: http://www.aemotur.com

  7. Una cosilla..por qué fuisteis directos a chamonix sin pasar x los puertos de francib (alpe d’huez,la madeleine,el glandon)etc..

    • Pues por la misma razón que nos dejamos muchos puertos en Suiza, Italia y Austria. Por elegir unos a la hora de organizar la ruta y dejar otros para otra vez que volvamos. Al final teníamos un tiempo limitado para ver muchas cosas y tuvimos que optar. Si no vamos a Chamonix directos, nos hubiéramos dejado algo al final del viaje.
      Simple coste de oportunidad.
      Pero tomamos nota de tus sugerencias para cuando volvamos. Gracias.

  8. Pues lo mismo del otro, un auténtico lujo de blog, súper bien redactado, explicado y confeccionado, bravo de nuevo.
    Aprovecho para preguntarte una duda sobre el passo stelvio, hacia donde hay mas km de subida, dirección glorenza o dirección Bormio. Un saludo

  9. Hola, comentarte que me ha flipado el viaje y la manera de compartirlo a través de esos vídeos y especialmente, muy especialmente las fotografías que has sacado, geniales, de gran calidad y belleza, te felicito porque muchas son dignas de premio. Por supuesto lp mejor es lo que te traes contigo con las vivencias y los buenos momentos vividos. He hecho parte de ese recorrido pero enlatado en un coche y nunca será lo mismo, disfruté mucho de los paisajes pero como en moto… nada. Lo dicho, una pasada y gracias por compartir esa gran experiencia con los demás moteros, a los que nos gustan las motos sabemos lo que es eso.
    Un abrazo.

    J.Manuel

    • Muchas gracias, J. Manuel.
      Últimamente hago menos rutas para el blog, porque estoy metido de lleno en el proyecto de haber fundado AEMOTUR (la Asociación Española de Mototurismo). Si puedes, échale un vistazo a su web, facebook o a la revista online http://www.motoviajeros.net, donde casi cada mes publicamos una ruta que hemos hecho.
      Otro abrazo.

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