Moteando los Alpes 2014: 1ª parte

Este verano, aprovechando que en diciembre voy a ser padre y que mi señora me ha dado carta blanca para hacer “uno de esos viajes que en breve ya no podrás hacer” ( 😥 ), me junté con tres amigos para formar una cuadriga motera dispuesta a realizar el sueño de más de uno: un viaje a los Alpes, enlazando los puertos de montaña más clásicos con algunas escapadas culturales por los grandes lagos italianos.

¿Queréis acompañarme? ¡Pues vamos allá!

Día 1. De Madrid a Perpiñán

La primera jornada fue aburrida: autovía y más autovía. Los 740 kilómetros que nos esperaban hasta Perpiñán no dan para muchas florituras. Yo salía de Madrid junto a José María, que había venido a mi casa desde Córdoba el día anterior, a lomos de su incombustible Ducati Monster 696. Ginés, con su BMW 1200GS Triple Black, saldría de Valencia, y con él nos reuniríamos horas más tarde en Cubells, un pequeño pueblo cerca de Balaguer (Lérida) donde comeríamos juntos. El último jinete, Imanol, había salido el día anterior desde el País Vasco con su nueva BMW 1200GS LC (nueva, pero que al ritmo que va le da la vuelta al cuentakilómetros en cuanto se descuide). Él nos esperaría directamente en el hotel de Perpiñán.

tractor

Al fin, después de mucha autovía, estábamos en Francia… ¡130 kilómetros legales!

Logogafa

José María no le quita ojo a mi moto… y yo no le quito objetivo a él

Francia

El equipo casi al completo

Como veréis en el siguiente video, salvo algunas paradas graciosas en las gasolineras, el viaje no dio para mucho más. Al menos la comida fue muy buena (una maravilla comparada con lo que nos esperaba en Suiza), y el paisaje a partir de Lérida es bastante más agradable que la temida A2 y el desierto de los Monegros en agosto. Incido en el tema del menú, porque durante nuestra estancia en Suiza la verdad es que no comimos bien. En España se come bien en cualquier sitio, sabiendo buscar, claro está. Como muestra, un botón: en un pueblo minúsculo llamado Cubells, en el Hotel Restaurante Roma, con una explanada en frente para aparcar las motos sin problemas, tomé un menú del día que incluía un entrante (ensalada de arroz), un gazpacho de primero (riquísimo), un conejo a la brasa con alioli (espectacular), una cerveza sin alcohol y una crema catalana de postre que puede ser de las más ricas que he comido nunca. Y por 12€. Parece una tontería, pero estas cosas se echan de menos cuando pagas 18€ por una salchicha medio fría, sin apenas salsa ni guarnición…

Al llegar al Comfort Hotel Centre del Mon (no muy céntrico, pero limpio, barato, en buen estado y cómodo para salir rápido de la ciudad), regalé al resto del equipo unas camisetas de MOTEANDO que acababa de imprimir para la ocasión.

Y así, listos y uniformados, estuvimos preparados para la siguiente etapa: Chamonix.

Día 2. De Perpiñán a Chamonix

La segunda jornada no fue tan aburrida como la primera, porque ya estaba el grupo completo y teníamos la sensación de estar más cerca de los Alpes y de que “el viaje había comenzado”, pero tampoco fue gran cosa.

Cada uno de los componentes tenía algún que otro sueño por cumplir durante este viaje, y ahora puedo asegurar que los fuimos cumpliendo a rajatabla. El primero en pronunciarse fue Ginés, que llevaba tiempo insistiendo en que debíamos subir al Aguille du Midi, en Chamonix. Se trata de un mirador (con terraza, bar, museo del alpinismo y un ascensor de cristal no apto para los que sufran vértigo) que se eleva ni más ni menos que a unos 3842 metros sobre el nivel de mal. Bueno, desde allí arriba no se ve el mar, pero nubes, picos y nieve para hartarte…

Confiando en que la propuesta de Ginés no nos defraudaría arrancamos las motos muy temprano, a eso de las 6 de la mañana, y pusimos rumbo a Chamonix con la intención de llegar a tiempo de dejar las cosas en el hotel y subir al teleférico. De conseguirlo nos habríamos ahorrado un día. En caso contrario esperaríamos hasta el día siguiente. Lo que estaba claro era que no nos iríamos sin subir, a pesar de que a casi 4 kilómetros de altura la meteorología es totalmente impredecible (niebla, lluvia, sol, frío, calor, todo en el mismo día).

Como nos esperaban unos 600 kilómetros y queríamos llegar pronto, tiramos de autopista francesa, lo que significa pagar mucho y descansar en áreas de servicio atestadas de gente (es lo que tiene viajar a primeros de agosto), ligeramente más caras que España.

El día antes de llegar a mi casa José María me llamó desde una carretera nacional cerca de Toledo: se había quedado sin gasolina. Era raro, porque conoce su moto, su consumo, y sobre todo porque me aseguró que se le había parado la moto a los 15 kilómetros desde que se iluminó el indicador de reserva. A lo mejor era un fallo de la centralita, me dijo. Y ahí quedó la cosa.

Al poco de salir de Perpiñán, muy temprano y a toda velocidad para llegar pronto a Chamonix, intentar subir al Aguille du Midi y olvidar las incontables horas de autopista que llevábamos, José María nos habló alto y claro por el intercomunicador: se me ha encendido la luz de reserva…

Había una gasolinera muy cerca, y otra a unos 20 kilómetros. Como acabábamos de salir, decidimos repostar en la segunda, pensando que no hay depósito de reserva que dure tan poco. Pero nos equivocamos: justo cuando estábamos a dos kilómetros de la gasolinera, José María se echó a un lado y, parando en el arcén, encendió las luces de emergencia. Se le había quedado la moto parada, sin gasolina, como en Toledo. La pesadilla amenazó con acompañarnos desde el principio del viaje.

Intentando actuar rápido nos dirigimos el resto del equipo hasta la gasolinera a repostar. Mi idea era comprar una garrafa, llenarla y acudir al rescate de José María, pero por suerte éste apareció minutos después (justo antes de pagar la garrafa). Al parecer, había probado a arrancarla varias veces y en un momento… ¡zas! Sorpresa: la moto arrancó y le permitió llegar hasta la gasolinera. A pesar de la alegría, decidimos mostrarnos cautos y optamos por modificar un poco el régimen de viaje, repostando un poco antes de que la Ducati de José María avisara de que tenía hambre, para evitar sustos. Quizás eso nos obligó a hacer más paradas de la cuenta, no lo sé, pero al menos evitamos sustos y pudimos terminar el viaje sin más contratiempos. Bueno, José María sí sufriría un último contratiempo, bastante importante por cierto, pero eso vendrá más adelante…

El camino fue aburrido hasta Albertville. Lo único que destacaría fue la embriagadora visión del amanecer sobre los Estanques de Leucate y la Palme, que a esa hora parecen pequeños mares plateados, surcados por una vía de tren que parece flotar sobre ellos. A partir de Albertville el entorno comienza a ser más “alpino” y las curvas aparecen tímidamente. La parte final antes de llegar a Chamonix es muy divertida, atravesando unas curvas ratoneras en mitad de un cortado con un río estrecho que anticipa las maravillosas carreteras que disfrutaríamos días después. José María, agobiado por tanta autovía (recordemos que el pobrecito venía desde Córdoba sin cúpula…), se lanzó como un jabato a enlazar las curvas una detrás de otra, a un ritmo tal que alguno creyó que en lugar de llegar a Chamonix antes que nosotros, ni siquiera iba a llegar. Pero todo estuvo bajo control, simplemente estaba disfrutando de sus primeras curvas por los Alpes.

Al llegar a Chamonix y dejar el equipaje en el Langley Hotel Gustavia (muy céntrico y recomendable), fuimos hasta el teleférico. Pudimos haber subido, pero cerraba pronto y estaba bastante nublado. Nuestro gozo en un pozo… pero ¡qué demonios! Estábamos en Chamonix, con unas vistas impresionantes, un glaciar a tiro de piedra y un pueblo encantador para visitar, tomar cervezas, una buena cena y echar algunas fotos.

Y eso hicimos.

balcon

Plaza dedicada a Jaques Balmat, el primer guía de montaña que ascendió al Mont Blanc en 1786

Chamonix

Florida estampa de la estación de trenes de Chamonix

Motoimanol

La misma estampa que antes, pero más florida aún con la moto de Imanol

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Cualquier hotel, por feo que sea, parece bonito con este entorno tan veraniego…

croissants

Lo reconozco: una de las mejores cosas que saben hacer los franceses

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¡Qué fresquita estaba el agua!

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Jaques Balmat toma un respiro contemplando el glaciar

glaciar

Es como para pensarse lo de subir por ahí…

hotel

Este fue el único hotel que llamó mi atención

Imanol

Como buen explorador, Imanol se hermana con Jaques Balmat y me pide un foto junto a él. Al no tener camiseta para vestir al célebre alpinista, tiré de Photoshop…

Día 3. De Chamonix al cielo y de allí a Piotta, justo a los pies del San Gotardo

 

El primer día me levanté a las siete de la mañana para llegar pronto a Perpiñán. El segundo día a las seis, para intentar subir al Aguille du Midi. El tercer día nos levantamos a las cinco y media, más o menos, para ser los primeros en subir al teleférico, ver amanecer y no perder el ritmo del viaje tal y como lo teníamos programado. Reconozco que mereció la pena, y mucho, pero algunos empezamos a temer que si seguíamos esa progresión acabaríamos levantándonos a las 4, luego a las 3, y finalmente llegaríamos a ganar un día extra al viaje… ¡eso es Carpe Diem!

Con una luz mortecina abandonamos el hotel, pegados los párpados a los ojos y con cara de malos amigos. Ginés llevaba el semblante serio: había amanecido nublado y se temía que más arriba el tiempo no iba a estar mejor. El resto intentamos animarle sabiendo de antemano, eso sí, que si la subida al Aguille du Midi nos decepcionaba acabaríamos tirando a Ginés desde uno de los miradores. Por suerte la experiencia no pudo ser más satisfactoria, pues conseguimos subir por encima de la niebla, contemplando el amanecer sobre las cordilleras más altas de Europa y rodeados de un mar blanco de nubes que parecían más sumisas que amenazantes una vez que las mirabas por encima del hombro.

Aquí os dejo un vídeo que recoge la segunda jornada y la impresionante subida al Aguille du Midi, verdadero atractivo de la tercera jornada.

La subida al teleférico es obligatoria. Así de claro. Salvo que vayas a Chamonix en invierno a esquiar, no hay otra cosa mejor que hacer allí, y menos en verano. Es una buena manera de estirar las piernas después de dos días intensos de autovía, y serás testigo de una de las mejores vistas del continente europeo que verás jamás. Cuesta unos 55€, lo que no es precisamente barato, pero esa cantidad te la gastas en dos malas comidas suizas, y la subida al Aguille du Midi es algo irrepetible, único, que no puedes ni debes perderte.

Mi consejo es que subáis temprano, porque luego hay unas colas que dan la vuelta a Chamonix. Por la mañana sólo subiréis con escaladores y montañeros que, armados con crampones, cuerdas y piolets, se dedicarán cosas tan sanas como éstas:

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Sí, la fotografía la tomé yo. Y sí, están como una regadera. Hasta el logo de Moteando se va escurriendo con esa pendiente…

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Ésta es una de las fotografías más bonitas del viaje, al menos para mí. Siempre he dicho que lo mejor de las fotos es recordar cómo fue el momento de apretar el disparador. En este caso, reconozco que me dieron ganas de seguir a estos dos intrépidos y perderme por aquel espectáculo de la naturaleza tan sobrecogedor

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Todos bien juntos, que no está la cosa como para ir perdiendo componentes del grupo

Otro aspecto positivo de subir temprano es que podemos pasar varias horas en los miradores, deleitándonos a placer, sabiendo que tras varias horas de fotos, videos y selfies, volveremos a Chamonix antes de las once de la mañana. Hora perfecta para empaquetar todo en las motos y salir rápido hacia los puertos alpinos que nos aguardan.

Como ejemplo de las tonterías que se puede hacer arriba (incluido caerse) ya tenéis el vídeo. Ahora os dejo algunas fotos que hice desde las alturas.

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Gracias al frío, si echas un poco de aire caliente con la boca al objetivo puedes crear un vaho que durante unos segundos te permitirá tomar fotografías con una atmósfera dramática, casi mágica, sin necesidad de filtros ni Photoshop

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El logo está a punto de tirarse desde el trampolín más alto de Europa: espero que la piscina tenga agua suficiente

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¡Menos mal que vienen al rescate antes de que haga una locura!

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Parece una fortaleza nazi sacada de “El desafío de las águilas”

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La cueva de hielo es interesante, pero el personaje del cigarro se lleva la palma: lo retraté en una actitud de “Sí, voy a saltar por la barandilla y descolgarme 2 kilómetros por paredes nevadas, qué pasa, ¿no puedo fumarme un cigarrillo?”

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A Imanol se le ocurrió esta foto, y la verdad es que quedó curiosa…

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Atención al detalle de la modelo pin-up del helicóptero

La ruta continuó hasta Piotta, un pueblo muy pequeño cerca de Airolo, justo a los pies del famoso San Gotardo. El Motel San Gottardo Sud estuvo bien, salvo por un problema con el WiFI.

Los primeros puntos de interés los encontramos en el Col de Montets y el Col de la Forclaz. Nada relevante si lo comparamos con los puerto que recorreremos, pero poco a poco vas teniendo la sensación de “entrar en faena”. Al fin y al cabo en un viaje a los Alpes en moto esperar curvas y montañas, y cuando aparecen las primeras, por tímidas y humildes que sean, respiras aliviado: vas en la dirección correcta.

El contrapunto lo encontramos en el Valle del Ródano. La bajada por el Col de la Forclaz es muy bonita, y sorprende ver la amplitud del valle y lo rectilínea de la carretera que tendremos que tomar hasta más allá de Sión. Pero la temperatura aumenta, mucho. Así que mi consejo es que estés preparado para quitarte forros de lluvia o lo que hayas elegido para protegerte del frío alpino que esperas encontrar incluso en verano: en el valle la temperatura sube bastantes grados, lo que permite, entre otras cosas, el crecimiento de los maravillosos viñedos que rodean todo el paisaje desde Martigny hasta casi Sierre.

En este punto tuvimos que evitar equivocarnos y acabar en la autopista (lo que es muy fácil), pues no habíamos comprado la “viñeta” con la que circular legalmente y a salvo de multas por las autopistas suizas. La alternativa es una carretera paralela que, no obstante, atraviesa muchos pueblos. En resumen: una verdadera pesadilla para unos moteros acalorados que han hecho más de mil kilómetros para subir montañas y enlazar curvas y curvas…

Si tuviera que elegir con una ciudad para visitar sería Sión, considerada como una de las más agradables para vivir de toda Suiza (por su clima, actividades, gastronomía…), porque su patrimonio cultural me llama la atención (cuenta con 3 castillos, aunque dos están en ruinas). Pero con tanto calor no teníamos tiempo para detenernos. Otra vez será.

Nuestra redención llegó un poco más adelante, cuando tomamos el desvió en Ulrichen. Desde allí acortábamos la ruta para alcanzar Piotta atravesando el Nufenenpass (2478), nuestro primer puerto alpino con todas las de la ley y el segundo más alto de Suiza después del Umbrailpass.

La sensación de encontrarse rodeado por un valle de un color verde exultante (en pleno agosto), que abandonamos por una carretera plagada de curvas perfectas desde las que divisar las primeras cumbres nevadas y un pequeño glaciar, es indescriptible. Aprovechamos para echar fotos, descansar, respirar, empaparse de naturaleza. Incluso a algunos, como yo, se les cayó al suelo la moto: cosas que pasan por buscar la foto perfecta.

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Imanol contempla el valle por el que iniciamos la subida al Nufenenpass

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A veces basta con sentarse un momento y contemplar la belleza del paisaje. Motor apagado. Sonrisa marcada. Respiración contenida

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¡Tachán! Bravía ya está de pie como si no hubiera pasado nada… ¿alguien la ha visto boca arriba? Yo no

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No fue el más largo, ni el más bonito… pero fue el primero. Todavía recuerdo el grito de Imanol diciéndome “¡Mira esto, chaval!” y yo respondiéndole: “Ésta es la foto”

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José María se retrata con inmejorable fondo y luce sus mejores galas Revit Defender GTX Goretex (el pulido y brillo de la suspensión delantera es natural)

Nufenenpass

Y yo hago lo propio con mi primer puerto alpino

Acabó la jornada con una bajada muy bonita desde el “Passo della Novena” (así llaman al Nufenenpass en italiano), que discurre paralelo al río Ticino y bordeando varios bosques (Valloni, Piei, Ossasco, Ciossetto y Segna) hasta llegar a Piotta.

La cena en un restaurante italiano de Airolo puso el broche final a una etapa que se inició muy bien, transcurrió pesada y acabó algo mejor, dejándonos con la boca áspera… asperando más.

Día 4. La ruta de los puertos alpinos

Llegamos a una de las dos jornadas más interesantes desde el punto de vista motero: se trata del famoso “9”, un trazado que (como puede verse en el mapa) enlaza varios puertos alpinos muy famosos y perturbadoramente bellos adoptando la forma del número nueve.

Es ésta una jornada para disfrutar sobre nuestras motos, olvidarnos de los kilómetros aburridos de autovía, de los peajes, de los coches. Aquí sólo cabe trazar curvas. Y echar fotos, por supuesto. Pocas veces encontraréis una sucesión tan continua de puertos de montaña, uniendo a la perfección picos, verdor, nieve, glaciares y carreteras de asfalto perfectos y curvas infinitas.

Lo dicho… ¡a disfrutar!

SAN GOTTARDO (2109)

El puerto de San Gottardo puede afrontarse de tres maneras distintas: por la insulsa autopista A2 atravesando el túnel, por la sugerente autovía que ofrece vistas espectaculares y un trazado agradable o, lo más recomendable, por la antigua carretera adoquinada.

Gottardo

Sin dudarlo, la más incómoda y romántica forma de pasar el puerto de San Gottardo

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Aunque las vistas desde la autovía tampoco están mal

La historia de este puerto es muy curiosa, en concreto la referente al Puente del Diablo (la podéis encontrar en este enlace que os dejo). En el mapa he marcado la subida por la autovía, que está bien. Mi recomendación es que subáis por ahí, y si estáis interesados, una vez que lleguéis a lo alto del San Gottardo, bajéis y subáis de nuevo por la carretera antigua.

Para subirla desde el principio, seguid estas recomendaciones: Una vez pasado Airolo, el mapa marca una recta larga antes de empezar las curvas. Pues bien, justo antes de la primera curva a la derecha, hay una carretera que sale a la derecha, más pequeña, que está marcada con un cartel amarillo. Ésa es la carretera por la que empieza la vía adoquinada. Aunque si os la pasáis, más adelante tendréis la oportunidad de salir de la autovía y tomad la carretera antigua justo antes de empezar la parte más bonita de la misma.

Es recomendable que uséis el zoom del googlemaps y de vuestros GPS para no pasar de largo una carretera tan única como ésta.

SUSTENPASS (2224)

El siguiente paso de montaña nos aguarda con algunas sorpresas. Se trata del Sustenpass, famoso por las vistas que su cara sur ofrece al “Glaciar de la Roca”, el famoso Steingletscher.

La bajada de este puerto (siguiendo el orden de marcha propuesto en esta crónica) es impresionante, con curvas amplias y perfectamente asfaltadas. En verano será normal encontrarte con muchos turistas (coches clásicos incluidos) que no llegan a ser un estorbo. Una vez que lo hayas bajado, es posible tomar una pequeña carretera que nos llevará casi a los pies del glaciar. Perfecto para tomar fotos como éstas:

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No puede llegarse más arriba, pero es suficiente

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Momento Simpson: “Rancho-Relaxo”

Para localizar esta carretera, que no tiene pérdida (hay una parada de autobuses, coches aparcados y los tres primeros edificios que encuentras una vez que bajas el puerto), lo mejor es buscar el Lago de Roca (Steinsee) y fijarse en la carretera que sale de la principal para llegar hasta allí.

Un poco antes de llegar a lo más alto del Sustenpass, decidimos hacer una pequeña parada en un bar motero con mucho encanto y unas vistas sobrecogedoras del valle por el que estábamos circulando. Curiosamente, el bar tenía un lavadero de cascos a disposición de los clientes. Como dirían los extraterrestres de “El milagro de P. Tinto” al romper la nuez con las vías del tren: “Qué moderno todo… y qué bien pensao“.

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En el bar no cabía una moto más: así eran las vistas de bonitas

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Mirad dónde aparcó uno… 😉

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Un magnífico ejemplo de lo sugerente que pueden ser las curvas a la bajada del Sustenpass

Sustenpass

Algunas nubes amenazaron con lluvia, pero como si estuviéramos siendo protegidos por dioses propicios conseguimos acabar el día secos y sonrientes

GRIMSELPASS (2164)

Este paso, construido a finales del siglo XIX, se encuentra en la línea divisoria entre dos ríos muy famosos de centroeuropa: el Rin y el Ródano. Lo más llamativo del mismo son los dos lagos (el primero de ellos es enorme) adyacentes que, a diferencia de los puertos anteriores, le dotan de un paisaje peculiar.

grimselpass

No, la moto no es mía. Pero la fotografía sí, y muestra perfectamente el lago Grimsel y el hospicio histórico

Imanoll

Imanol no puede contener la alegría…

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Mientras parte del equipo compraba las pegatinas de rigor (reservad una buena parte del presupuesto para ello), yo me fotografiaba junto a esta pareja de moteros luciendo una de las camisetas que mejores recuerdos me traen

FURKAPASS (2436)

Casi sin solución de continuidad enlazamos la subida del Furkapass, uno de los puertos más impresionantes del día, lo cual es mucho decir porque todos tienen su encanto, y cuando los vas pasando uno tras otro, cada nuevo puerto te parece mejor que el anterior, insuperable hasta que llegas al siguiente…

Muy cerca de la estación de trenes de Gletsch (palabra muy parecida a la que se usa en alemán para designar a los glaciares) se encuentra el Hotel Glacier du Rhône, en el que antaño era frecuente que los clientes cenaran con la majestuosa visión del glaciar del Ródano a sus pies. Actualmente la lengua del glaciar ha menguado y es necesaria una buena caminata para llegar a él. No obstante el cruce de Gletsch sigue siendo uno de los mejores lugares para observar la pared del Grimselpass que acabamos de subir y lo que nos queda hasta el Furkapass: siete curvas de 180º (y algunas del 13%) sobre una pared vertical desde la que nunca dejaremos de observar el omnipresente río glaciar Ródano, que inicia su andadura entre nieves perpetuas para desembocar en el mar Mediterráneo, habiendo regado a su paso ciudades como Ginebra, Valence, Aviñón, Arlés o Lyon.

Furka

Desde cualquier mirador puedes disfrutar de vistas inmejorables o, como hicimos, alejarte un poco de la carretera para buscar parajes recónditos e idílicos como éste

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Cada paso tiene su historia, su orografía, su encanto… resulta casi imposible decidirte por uno solo

OBERALPPAS (2044)

El último de los pasos de esta intensa jornada no recibió por nuestra parte el reconocimiento que se merecía. Era muy tarde, las nubes habían tornado el cielo de un color grisáceo que no pintaba nada bien, y la ciudad de destino quedaba todavía lejos. Así que apenas tuvimos tiempo de disfrutar de este puerto de montaña. Como me gusta contar lo que he visto, no diré si es bonito o feo, pero seguro que no tiene nada que envidiar al resto. Habrá que volver o ver la película de James Bond “Goldfinger”, donde aparece este paso.

Mejor volver…

Con ritmo rápido nos dirigimos a Chur (“Coria” en español), donde teníamos previsto dormir. Como estaba chispeando y ya era tarde (al final, con tanta fotografía y tantos puertos bellos se te pasa el día volando).

A pesar de que Chur contaba con todos los alicientes para gustarme (es la ciudad más antigua de Suiza, capital de la provincia romana de Recia allá por el año 15 a.C.), y de que habíamos reservado noche en un hotel céntrico, antiguo (data del 1483), la verdad es que la ciudad no nos gustó mucho. Los suizos no tienen especial predilección por la estética, y eso se nota en todos y cada uno de los pueblos por lo que pasamos. La cena, habiendo optado por un sitio recomendable, tampoco fue muy allá: mal servicio y mala calidad. El precio, caro, como siempre. Y el hotel, el “Zunfthaus zur Rebleuten”, pésimo. No se puede aparcar cerca y las habitaciones las han decorado con 20€ y media hora en el IKEA.

Pero no penséis que el párrafo anterior empañó una jornada que hasta ese momento había sido perfecta. Simplemente me gusta ser justo y contar las cosas tal y como las viví. Suiza no es sitio para que un apasionado de la historia y de la gastronomía como yo encuentre deleite. La noche la pasamos recordando el modesto menú que tomamos el primer día en Cubells (en España se come bien en cualquier sitio, repito) y soñando con lo que veríamos al día siguiente…

¿Os he dicho que el próximo día pasaríamos el Passo dello Stelvio? Pues con ese pensamiento en la cabeza no hubo salchicha mala ni casco antiguo lúgubre que nos borrara la sonrisa de los labios.

Os dejo un vídeo de la jornada más intensa en lo que a naturaleza y puertos de montaña se refiere.

Para evitar que esta entrada sea demasiado larga, lo dejo por hoy. En breve la segunda entrega…

¡No os la perdáis!

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30 Comments

  1. Pingback: Anónimo

  2. joder k pasada, k buena peña tíos con gente así da gusto ir, que digo gusto supergusto, estupenda crónica, la próxima vez yo quiero ir con vd. jajajaja, killo de verdad tíos yo me apunto, de verdad una gozada ver esos vídeos, salud desde el sur.

    • Muchas gracias, Manolo. ¿De Cádiz? Jejjeje, un saludo de otro sureño. La verdad es que el viaje ha estado bien y el grupo, que es muy importante, se ha portado.

  3. Muy buena cronica …. grande ese ultimo momento con el paraciclista valenciano.

    P.D: tu cronica me está ayudando en la preparación de mi viaje a Alpes este verano. A leer la segunda parte toca

    • Muchas gracias por el comentario, Felman.
      Lo del valenciano fue muy grande, ciertamente.
      Me alegro de que te sirva para organizar tu viaje. Cualquier duda, me escribes.
      Y si echas fotos buenas, me mandas alguna y las subo al grupo de Facebook de Moteando: me hará ilusión.
      Un abrazo

  4. Genial, me he visto la crónica completa como 3 veces, y he alucinado con los comentarios y fotos.
    Quiero preparar un viaje así con la jefa para el verano de 2017.
    Por curiosidad, ¿qué bolsa sobredepósito llevas?. Tengo una GS 2009, y quiero complementarla con una sobredepósito para llevar la “tecnología”, mapas, etc.
    Saludos desde San Fernando (Cádiz)

    • Muchas gracias, Abdón.
      Me alegro de que te hayan gustado las crónicas de este viaje a los Alpes, que mientras más veces lo recuerdo más ganas tengo de repetir. Te deseo suerte en tu viaje y suerte con la “jefa” 😉
      La bolsa es de Touratech. Aquí tienes un enlace.
      Un abrazo para Cái desde Madriz

  5. Pare por aqui buscando info de rutas por los alpes (si no pasa nada en agosto salimos) y me he chupado todos los comentarios, fotos y videos, me quito el sombrero ante semejante curro, me encanto.

    No se si llegaste a hacer el siguiente, de ser así a ver si lo encuentro para verlo que me he quedado con mas ganas.

    Un placer y a seguir disfrutando.

    • Buenos días, Carlos.
      Muchas gracias por el comentario. Claro que hay una segunda parte del viaje: está en el propio blog y también trae muchos vídeos interesantes. Y lo mejor de todo es que, si todo va bien, ¡este verano volveremos a los Alpes otra vez para descubrir nuevos rincones!

  6. Esta misma noche me engancho a ver la segunda parte, haber como continua el viaje.

    Nosotros si todo va como debe salimos en agosto, alpes Austriacos e Italianos, Passo Stelvio y valles de Fune, Isarco y Dolomitas, así resumiendo un poco, porque también queremos pasar por el museo BMW.

    Un placer saludarte y salud para disfrutar muchos años.

    • Muchas gracias. La verdad es que la cámara es una SONY Alfa 350, bastante modesta y humilde. A veces sí utilizo algún objetivo de más calidad, porque es mucho más importante que la cámara (por ejemplo, un 50mm 1.8 da buenos resultados). En todo caso, como ocurre con las motos, lo importante no es el caballo, sino el indio: con una cámara normal se pueden hacer buenas fotos, y con una cámara de 2000€ puedes hacer malas fotos. Todo depende del ojo que hay detrás.
      Gracias de nuevo y un abrazo.

  7. acojonante, he tomado buena nota, yo tenia una idea de hacer algo parecido, pero lo vuestro es mejor, con tu permiso lo voy a copiar

  8. Sin ir al fin del mundo, siempre he pensado que el paraiso de la moto lo tenemos en los Alpes de diferentes paises, por paisajes, curvas, buen asfalto, ambiente motero, poco trafico…..
    Llevo unos años reservando una semana de Vacaciones para hacer rutas por los Alpes y no me canso de ello.
    La ciudad de Andermatt que esta cerca de Chur tiene bastante mas ambiente que esta ultima pero bueno… la mentalidad de españolito hay que dejarla en la frontera.

    • De verano, aunque un chubasquero es imprescindible. Yo llevaba una chaqueta de verano con forro interior extraíble de goretex por si llovía.

  9. Muy buena cronica y base para los principiantes en los alpes!!
    El proximo sabado partimos hacia alli dos compañeros y yo desde Valencia. Todo planeado y listo!!!
    no veo la hora de partir…que ansia viva recorre mi cuerpo!
    Volveremos el 17 y para terminar haremos tourmalet i pirineos hasta navarra, pasando por la selva de Irati y la fabrica de armas de Orbaizeta con su correspondiente paso a Francia.
    V’ss y espero encontrarme con muchos de vosotros por alli!

    • Disfrutad del viaje!! Nosotros arrancamos en agosto una transpirenaica y un camino gastronómico de Santiago. Ya subiré entradas al blog.
      Mandad alguna foto para subir Facebook de Moteando!! 😉

  10. Tengo que comentarte q hemos seguido casi al
    Pie de la letra el viaje q describes a los Alpes. Hemos estado 12 días y salvó el día del Galivier realizamos el mismo recorrido y hemos pernoctado en los mismos hoteles. Tengo una BMW F800 ST y viajamos solos mi mujer y yo. Nos lo hemos pasado fenomenal, con calor , frío y lluvia. Sólo es un aburrimiento el viaje de ida y vuelta. Gracias

    • Pues me alegro mucho, Jesús María y Teresa. Espero que el viaje, aunque siguiendo los pasos que describía, haya sido único, inolvidable, pues de eso se trata.
      Un abrazo fuerte.

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