Hispania en moto I: Termes

Llevo un tiempo dándole vueltas a un proyecto llamado HISPANIA EN MOTO, que no sé muy bien si acabará como un conjunto de rutas, un libro o un documental (o lo mismo ni llega a nacer, vete tú a saber). Se trataría en todo caso de mezclar dos de mis grandes aficiones: los viajes en moto y la historia.

Así que pensando más en echar a andar el proyecto antes que darle la forma adecuada, decidí hacer una ruta hasta el yacimiento arqueológico de Tiermes, cerca del actual Montejo de Tiermes, en Soria. Pero no quería hacer una ruta al uso, sino intentar aproximarme lo máximo posible a lo que habría sido la Hispania rural del siglo II d.c., época de máximo esplendor del municipium romano que fue Termes, y para ello era necesario rodar por los caminos y senderos agrícolas que ya utilizaban los pobladores de la Hispania Citerior Tarraconensis.

Pero como el campo no es lo mío, a pesar de que me encanta, pedí ayuda a un experto en el tema y buen amigo: Javier Garmendia, motero con sobrada experiencia en las rutas off-road y creador del blog Expediciontrail. A Javier le encantó el proyecto, le fascinó el reto, y en menos que canta un gallo me llamó para decirme: “Ya tenemos ruta hasta Tiermes 100% por campo”.

Veni, vidi, vici, que diría Julio César…

1. Salida desde Riaza, pueblos rojos y Sierra de Pela

Iniciamos la ruta muy temprano porque las rutas por campo, y más cuando son nuevas, pueden retrasarte mucho y resulta complicado calcular el tiempo con precisión. Así que salimos de Madrid a eso de las 6:00 por la A1 en dirección a Riaza, donde paramos a desayunar en su célebre plaza, que parecía recién abierta para nosotros.

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“Bravía” posa en mitad de la plaza como si fuera un morlaco esperando a su matador…

Desde allí Javier me llevó por la región de los Pueblos Rojos de Segovia, una zona que conoce bastante bien y que actúa como magnífico contrapunto para la otra muestra de arquitectura tradicional que son los Pueblos Negros de Guadalajara. Una pequeña parada en Madriguera me hizo darme cuenta del encanto que se esconde en estos pueblos tan abandonados.

Finalmente, cerca de la ruta del Románico Rural de Guadalajara (Albendiego, Villacadima, Campisábalos…) nos salimos del asfalto y dio comienzo nuestra particular y peregrina ruta hasta Tiermes. Y digo “peregrina” en su sentido etimológico más literal: “peregrino” viene del latín per agrum, que significa “por el campo”.

2. Peregrinaje hasta Tiermes

Atravesar la Sierra de Pela por pistas y caminos de tierra es una experiencia única que superó todas mis expectativas. No tengo un nivel de conducción muy elevado por estos terrenos, así que agradecí que Javier hubiera trazado una ruta accesible, sin complicaciones extremas pero no por ello aburrida en absoluto. Cuando llegamos a un tramo más técnico, dado que las lluvias de los días pasados habían encharcado buena parte de un camino estrecho, Javier improvisó una vía alternativa más fácil y que resultó mucho más gratificante, pues nos ofrecía panorámicas tan sugerentes como ésta:

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Perder la mirada en el horizonte y fundirte con la inmensidad que te rodea: eso es para mí viajar en moto

En plena coherencia con los pueblos rojos que no hacía mucho habíamos atravesado, el paraje que nos rodeaba mostraba unos tonos rojizos y ocres como puede apreciarse en la anterior fotografía. Por si el espectáculo no fuera de suyo suficientemente atractivo, a medida que descendíamos al valle que forma el río Tiermes encontrábamos un lateral montañoso con una silueta casi mágica que nos incitó a parar la moto y echar algunas fotografías.

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El camino serpenteante de la derecha, escoltado por árboles de ribera, conduce directamente hasta un Tiermes que parece confundirse con el terreno

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El huerto más rural que he visto nunca

El camino siguió agreste, estrecho, salvaje, flanqueado por un arroyo y árboles que se encontraban tan integrados en el sendero que nos hizo sentir como si fuéramos algo ajeno a todo aquel espectáculo de la naturaleza. Y en parte lo éramos…

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Caminante no hay camino, se hace camino al andar…

En un momento determinado de la ruta nos topamos con un pueblo rojo abandonado, o casi, porque Manzanares ha tenido la suerte de encontrar a un grupo de 6 o 7 irreductibles vecinos que se han convertido en sus únicos habitantes y responsables de devolverle la vida que una vez tuvo. Para los que quieran conocer algo más de este pueblo, nada mejor que visitar este blog especializado en pueblos deshabitados.

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Iglesia Parroquial de Santa Catalina, en Manzanares

Dejando atrás la ruinosa iglesia de Manzanares y sorteando algunos vadeos que pusieron más a prueba mi atrevimiento que mi destreza, alcanzamos una pequeña explotación agrícola con un cartel que indicaba que íbamos en la dirección correcta. Resulta curioso que una jauría de perros guardianes nos escoltara ladrando durante unos veinte metros, pues la imagen no habría sido distinta dos mil años atrás: el famoso mosaico con la figura de un perro negro atado y la leyenda “CAVE CANEM” (cuidado con el perro) nos demuestra que ya los romanos hacían uso del mejor amigo del hombre para proteger sus propiedades y que, al igual que hacemos nosotros, colocaban señales en las puertas y cancelas para advertir al posible visitante no deseado.

rumbo a Tiermes

¡Ya falta menos!

Apenas unos minutos después ya divisábamos el irregular perfil del yacimiento de Tiermes, alternando estructuras esculpidas en la roca, restos de murallas y edificios romanos que conforman un monumento en sí mismo.

3. Termes, Tiermes o Termancia

Los romanos llamaban oppida a los asentamientos humanos sobre lugares elevados (promontorios, colinas o acantilados) que veían fortalecidas sus defensas naturales mediante el uso de muros de piedra o empalizadas de madera. Y efectivamente, cuando allá por el siglo II a.c. un soldado romano contemplara por primera vez la ciudad celtíbera de Termes, sabría que estaba ante un oppidum (que en la península ibérica se conocían con el nombre común de “castros”), pues todo el conjunto urbano se apiñaba sobre una serie de promontorios, con viviendas excavadas en la roca y estructuras defensivas perfectamente amoldadas a las irregularidades del terreno. No sorprende por tanto que Termes, aliada de Numancia en la 3ª Guerra Celtíbera, resistiera más que aquélla y no cayera hasta el año 98 a.c. bajo el mando del cónsul romano Tito Didio.

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Ermita románica de Santa María de Tiermes, donde se siguen realizando dos romerías anuales, manteniéndose una tradición inmemorial donde era costumbre que los campesinos rezaran para asegurar sus cosechas

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Detalle de los capiteles, en los que abundan las representaciones de animales fantásticos como los grifos, las sirenas y los centauros

El nombre de esta ciudad ha sufrido variaciones a lo largo de los siglos. Como asentamiento celtíbero ya era conocido por los romanos como “Termes”, cuya etimología no es clara, abundando como suele ocurrir múltiples teorías sobre el origen de dicho término. “Termes” o “Tarmes” podría provenir del indoeuropeo, aludiendo al carácter agreste o al monte donde se asienta. La raíz etimológica de este término indoeuropeo aludiría igualmente al hecho de haberse excavado parte de la ciudad en la propia montaña, al igual que ocurre con la palabra “termitas”. Los romanos también usaron la expresión “Termesos”, seguramente por el hecho de existir en Asia Menor una ciudad homónima. Con el paso del tiempo y ya en la Edad Media, la pronunciación derivó al actual “Tiermes”, y no sería hasta el siglo XIX que cobrara relevancia el vocablo “Termancia”, utilizando un sufijo que recordara a Numancia. 

Como anécdota debemos señalar que Termes aparece en el Cantar del Mío Cid con la denominación de “Griza” o “Agriza”. En este enlace podéis profundizar en algunos detalles de esta aparición literaria que son muy curiosos.

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Lo poco que queda de los baños termales es suficiente para darnos una idea de lo avanzada que fue la arquitectura y el urbanismo de Termes

Una vez que los romanos conquistaron Termes, parece ser que Tito Didio expulsó a la población autóctona vencida y les obligó a vivir en el llano, fuera de los límites de la ciudad. Esta situación, que duró unos 20 años, provocó no poca indignación en las tribus celtíberas, lo que justifica el hecho de que apoyaran al bando de Sertorio en la llamada “Guerra Sertoriana”, una suerte de guerra civil en la que desde Hispania se plantó cara al gobierno republicano de Roma.

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Tabernas, casas de varias alturas, restos de muralla, calles que conectan distintos pisos, surcos para evacuar las aguas fluviales… en Termes todo sorprende

La romanización progresiva de la península ibérica se manifestó a la perfección en Termes, pues en menos de un siglo el desarrollo urbanístico y las costumbres romanas llegaron a tal extremo que la ciudad obtuvo el título de municipium, paso previo para que algunos de sus habitantes más notables obtuvieran la ciudadanía romana. El municipio romano era una figura intermedia entre la “colonia” (como fue el caso de Corduba) y las ciudades aliadas o sometidas: las primeras eran ciudades romanas de pleno derecho y las últimas conservaban su organización original. Los municipios suponían un intento de asimilar ciudades conquistadas al modelo romano, por el interés estratégico o comercial que las mismas tenían.

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Las gradas rupestres todavía podrían albergar una representación teatral…

Lo más llamativo de Termes fue el alto grado de construcción rupestre, es decir, el hecho de que muchos edificios y estructuras se excavaran en la roca o aprovecharan la irregularidad del terreno como base para su edificación. Los romanos no solo aprovecharon este tipo de arquitectura iniciada por los celtíberos, sino que la mejoraron con el ingenio romano, que mostraba su mejor faceta en el caso de las obras de ingeniería civil y militar. Así sorprende encontrar termas, foros, murallas, templos, tabernas, acueductos, canalizaciones de aguas residuales, casas de vecinos de 6 alturas y otros elementos urbanísticos tanto públicos como privados en perfecta armonía con el monte sobre el que se asentaba Termes desde tiempos inmemoriales. Muchos de estos elementos pueden apreciarse acudiendo al cercano Museo de Tiermes o, lo que es más recomendable, visitando el yacimiento arqueológico con ayuda de un guía especializado.

La importancia de Termes desaparece con el ocaso de Roma. Poco se sabe de la ciudad durante la época visigoda y árabe, y no sería hasta la Edad Media que tengamos noticia de un núcleo urbano que perdería progresivamente importante a favor de otras villas como la cercana Caracena, que en época romana dependía de Termes y que pasados mil años le relevó como capital de la Comunidad de Villa y Tierra de Caracena.

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La palabra “grada” proviene del latín gradus (escalón), lo que explica que las gradas sean escaleras, que los grados centígrados sean una escala térmica, que ganar experiencia sea subir de grado o que la clasificación por grados militares sea el escalafón…

4. Rumbo a Caracena

Abandonamos Tiermes con la sensación de que podríamos pasar horas y horas rebuscando entre sus piedras los restos de un pasado glorioso, pero las nubes se arremolinan sobre nuestras cabezas y amenazan con arruinar lo que queda de ruta.

Ponemos rumbo a Caracena, de nuevo utilizando las que serían vías de tránsito natural utilizadas por la población romana. Javier traza con soltura una ruta fácil y tremendamente adictiva, de esas que deseas que no acaben nunca.

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Al fondo, el impresionante cañón de Caracena, que puede recorrerse a pie en una más que recomendable ruta de senderismo

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En mitad de la nada surge el castillo de Caracena, asomado a los cortados del cañón

Lo primero que nos recibe es el castillo de Caracena, que se mantiene orgulloso en una zona tan inhóspita. Se trata de una enorme fortaleza cuya forma actual es plenamente renacentista, a pesar de que se conocen datos de su existencia al menos desde el siglo XII. Posee una torre del homenaje y un doble recinto amurallado, lo que indica la importancia que tuvo en su época, como bastión defensivo de la ruta natural entre Termes y la ciudad celtíbera de Uxama Argaela (actualmente en Burgo de Osma).

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Patio de armas en deplorable estado de conservación

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La doble muralla no evita el avance imparable de la naturaleza

Que Caracena llegó a superar en esplendor a Tiermes se aprecia en el simple hecho de que, aunque bastante abandonado, todavía se conserva como pueblo, que ya es más de lo que puede decirse del yacimiento arqueológico. Destacan la iglesia románica de Santa María y, por encima de ella, la iglesia de San Pedro, de gran valor artístico. También se conserva el rollo barroco en mitad de la plaza, restos de la muralla del siglo XII y el puente románico de la misma fecha.

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Rollo de administración de justicia del año 1738

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“Puente Cantos”, excelente construcción románica que llevaba a Caracena, que se divisa al fondo

Cuenta la leyenda que el nombre de la población le viene del año 1061, cuando Fernando I reconquista la villa a los musulmanes, que al parecer disfrutaban de un festín pantagruélico y apenas advirtieron con qué facilidad las tropas cristianas asaltaron el castillo y les obligaron a rendirse sin apenas resistencia. Por eso se decía en la Edad Media que Cara les salió la cena a los de Caracena…

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Ni siquiera las carreteras fuera del campo dejaban de ser tan atractivas como ésta

Dejamos atrás Caracena y con la amenaza de la lluvia convertida en realidad seguimos rodando por pistas hasta alcanzar Gormaz y Burgo de Osma, donde en otro tiempo se levantara la ciudad celtíbera de Uxama, un baluarte de los arévacos que participó activamente junto a Numancia y Termes en las guerras celtíberas, siendo conquistada sólo un año antes que Termes y que, al igual que aquella, también se sumó al bando rebelde en la Guerra Sertoriana.

Pero eso es otra historia que quizás contemos en otro momento…

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Improvisados merenderos nos invitan a descansar un rato al arruyo de los frescos riachuelos que disipan el calor estival

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“Menudo parque de placas solares”, pensamos…

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¡Y resultó una plantación de tomates! 😉

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4 Comments

  1. Estupenda ruta, nunca pensé que podía tener este tipo de experiencia.

    Tener esa joya de nuestra historia, al aire libre, gratis, y poder meter la moto hasta el mismo teatro donde se representaban historias irreales, quien sabe si alguna de ellas fueran sobre algunos seres del futuro que profanaran su recinto sagrado montados en sus cabalgaduras infiernales….

    El caso es que fue increíble. Esta fuera de toda lógica que no se sepa nada de esto…al menos yo no tenia ni idea.

    Gracias por compartirlo y sobre todo por detallar esa ruta extraordinaria.

    Fuerte abrazo.

    • Muchas gracias, Jorge. La verdad es que es una lástima que estas maravillas, cuya historia se remonta a un periodo que envidiaría otros países, apenas se conozcan.
      Me alegro de que encontraras útil mi ruta.
      Recibe otro abrazo fuerte.
      Si tienes alguna fotografía, me la mandas por privado y la subo al Facebook

  2. Fantástica ruta, y muy buena idea unir moto con historia. Gracias por compartir. ¿Es posible hacerse con el track? Un saludo

    • Muchas gracias, José María. En breve publicaré otra ruta que espero que sea de tu interés. De esta ruta no tengo el Track, pero no es nada difícil trazarlo siguiendo desde el Googlemaps los caminos que van desde Campo sábalos a Manzanares y de allí al yacimiento arqueológico de Tiermes. Desde allí hasta Caracena por la parte del castillo. No te pierdas el vídeo de parte de esta ruta que salió en el programa de motos Motosx1000 (ruta Tierras de Frontera de AEMOTUR) o el reportaje de esa ruta que apareció ena revista Motoviajeros. Un abrazo

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