El castillo de Peñafiel y la Ruta del Infante Don Juan Manuel

Aprovechando que estábamos en Valladolid asistiendo a la concentración “Pingüinos 2014”, que el sábado hizo un día soleado y que mi pareja me había regalado el día anterior una cámara Midland XTC 400, preparé una improvisada ruta hasta Peñafiel, con la intención de tomar contacto con la zona y de paso realizar mis primeras grabaciones. Tengo en mente organizar en otoño una serie de rutas enológicas y dentro de ellas la ruta por la ribera del Duero es obligatoria, así que la idea de pasar unas horas por Peñafiel se me antojó idónea. Como además pretendo enriquecer las entradas con algunos pequeños vídeos, supuse que el estreno de la cámara me brindaría una oportunidad de oro para enfrentarme mi primer montaje y saber hasta dónde puedo llegar con el equipo del que dispongo.

La conclusión de la escapada es que la llamada “Ruta del Infante Don Juan Manuel” merece mucho la pena, sobre todo si la realizamos, como pretendo, en otoño, cuando las vides y cepas se encuentran en su máximo esplendor. Si necesitaba algún aliciente para hacer una ruta gastronómica por la meseta vallisoletana, ya lo he encontrado. Respecto a la cámara, bueno, estoy muy contento con ella: es pequeña, fácil de manejar, graba con muy buena calidad y todo lo anterior a un precio más que competitivo (245€). Os dejo un pequeño vídeo que a la vuelta con el ordenador. Creo que para haber sido la primera grabación improvisada y no dominar todavía el programa de edición, el resultado es más que satisfactorio.

1. La ruta del Infante don Juan Manuel

La llamada ruta del conocido como “príncipe de las letras castellanas” parte de Valladolid por una margen del Duero hasta llegar a Peñafiel, desde donde se cruza el río para volver a la capital por la otra. Se trata de un recorrido circular muy agradable que puede realizarse indistintamente en un sentido u en otro, teniendo en cuenta que la parada en Peñafiel es imprescindible, pues del resto de localidades apenas hay unas pocas que merezcan realmente la pena.

Aquí tenéis la ruta que hicimos el sábado. Salimos desde Renedo de Esgueva y llegamos hasta Peñafiel. La vuelta la hicimos por el mismo camino, porque nos encantó. De esa margen del Duero nos quedó por visitar Curiel de Duero y su castillo, lo que me apunto para cuando vuelva en otoño.


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Si tenéis curiosidad en terminar el recorrido que completa esta ruta, os dejo un enlace que he encontrado donde se recopila información importante de los pueblos que nos quedaron por ver (el más llamativo sin duda es Tudela de Duero).

El Infante Don Juan Manuel es conocido principalmente por su obra “El Conde Lucanor”, un obra literaria a caballo entre la ficción y la literatura sapiencial tan propia del medievo. Pero además de ser uno de los escritores más famosos de su época, Don Juan Manuel fue un aristócrata que ostentó muchos títulos nobiliarios y una erudición sorprendente. Versado en la lengua latina, el derecho, la teología y la historia, y educado en disciplinas propias de la nobleza (caza, equitación, esgrima…), acabó convirtiéndose en una de las personas más poderosas de su tiempo, acuñando su propia moneda y dirigiendo un ejército personal de más de 1000 caballeros. Halló su muerte en Córdoba, aunque su cadáver fue trasladado y sepultado en el Convento de San Pablo de Peñafiel. Fue sin duda un gran ejemplo de gobernante ilustrado, adelantándose en más de 400 años a los que en siglo XVIII se conocería como “despotismo ilustrado”.

Por si alguien no ha leído “El Conde Lucanor”, le recomiendo que disfrute de esta magnífica recopilación de cuentos moralizantes escritos con una prosa seca, directa, sin ambages, y anticipándose unos años a un hito de la literatura universal como es el “Decamerón” de Boccaccio (la obra castellana se culminó en 1335 y la italiana en 1348).

El primer punto de la ruta es Renedo de Esgueva, un pequeño pueblo cuyo principal y casi diría único atractivo se encuentra en su ubicación, muy próxima a Valladolid. También puede destacarse, a las afueras del pueblo y junto a una gasolinera, el Valle de los seis sentidos, que pasa por ser uno de los parques infantiles/familiares más grandes y ambiciosos de Europa.

Desde Renedo tomamos la carretera que va hasta Villabáñez. A partir de ahí la carretera se vuelve especialmente interesante, realizando un trazado muy suave junto al Duero.

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Las carreteras solitarias como ésta constituyen uno de los principales atractivos de las rutas en moto

Desde Villabáñez hasta Olivares de Duero encontramos unas curvas amplias y un estado del firme decente: todo un placer para la conducción. Un pequeño remonte nos permite contemplar el río a la derecha y disfrutar de las lomas suaves que salpican el monótono y llano paisaje de la meseta vallisoletana.

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Una vez atravesado Olivares de Duero encontramos la bodega Matarromera, la primera de las más de 200 que pueblan la región vinícola de Ribera del Duero. Como pienso dedicar algunas rutas a los caldos españoles, pasaré de puntillas por el tema del vino, a fin de no reiterarme. Simplemente mencionaré que esta ruta que propongo ahora pasa por bodegas tan famosas como Pesquera o Protos, esta última destacando con su moderna arquitectura y ubicación al pie del castillo de Peñafiel.

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Como puede verse en la señal de la fotografía, el siguiente pueblo es Valbuena de Duero. Desde allí podemos desviarnos a la derecha para acercarnos hasta San Bernardo, muy cerca del río, donde encontraremos el Monasterio de Santa María de Valbuena.

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El monasterio cisterciense del siglo XII se encuentra en un estado de conservación envidiable, teniendo en cuenta que se trata de un edificio de más de 850 años. En su interior se encuentra la sede de la Fundación Las Edades del Hombre. Recomiendo a todos los amantes de la historia y a quienes se sientan cómodos deambulando por los claustros de piedra, que no se pierdan esta joya de nuestro patrimonio.

Volvemos a la carretera para llegar hasta Pesquera de Duero, donde un pequeño recodo del río nos brinda una imagen única y peculiar: una serie de bodegas horadadas en la montaña como si fueran cuevas. Se trata del llamado “barrio de las bodegas”, uno de los atractivos de la localidad junto a su plaza porticada, a la que se accede por un arco de piedra que da a la calle principal por la que discurre la ruta.

Después de Pesquera de Duero se encuentra a pocos minutos Peñafiel, cuyo castillo se divisa desde por lo menos 13 kilómetros. Antes de llegar a Peñafiel divisamos a la izquierda otro castillo sobre un promontorio. Se trara de Curiel de Duero, cuyo castillo rivaliza con el de Peñafiel no sólo en altura, sino en belleza: dice un refrán de la zona que buen castillo tendría Peñafiel si no tuviera a la vista el de Curiel.

2. Peñafiel

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Puro arte sacro en dos ruedas…

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El año pasado se cumplió un milenio desde la concesión a Peñafiel del fuero por el Conde de Castilla Sancho García

 Aunque la villa fue fundada ya en el siglo X, Almanzor la tomaría en el año 983, y no sería hasta el año 1013 que el conde castellano Sancho García la reconquistaría, le concedería fuero y, según le atribuye la tradición, cambió el nombre de “Penna falconis” por el de “Penna fidelis”, pronunciando la famosa frase: desde hoy en adelante ésta será la peña más fiel de Castilla.

En los 1000 años que han transcurrido desde su fundación, Peñafiel ha desempeñado un papel importante en la región, albergando edificios civiles y religiosos importantes. Se podría destacar la plaza de El Coso, o el “Corro” como se le conoce popularmente, que pasa por ser una de las plazas de toros más antiguas de España (se documentan sueltas de toros desde el año 1443) y una de las primeras plazas mayores de España, pues su origen siempre estuvo ligado a las actividades lúdicas (toros, justas medievales, torneos…) o comerciales, pero no a las institucionales. Su cuadrada silueta no ha visto nunca un ayuntamiento o una iglesia, como ocurre con frecuencia en tantas plazas mayores de las villas españolas.

Haciendo tiempo para que abrieran el castillo, decidimos tomar un café frente al museo de arte sacro y aprovechar para recorrer un poco la villa medieval.

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El acceso al castillo es fácil, pues su esbelta silueta se divisa desde casi todo el pueblo

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Por mucho que quisiéramos evitarlo, la esbelta y alargada figura del castillo nos invitaba a subir hasta él

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La subida al castillo recuerda a las típicas curvas reviradas de los puertos de montaña

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Mucha gente deja el coche en el pueblo y sube a pie, porque la dura ascensión se ve recompensada con unas vistas impresionantes

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Junto a la puerta de acceso al castillo hay un pequeño aparcamiento…

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… y girando alrededor del castillo un mirador cuyas vistas son envidiables

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Bravía posando junto al castillo como una modelo

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Desde arriba el zig-zag es mucho más impresionante

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Una parada obligatoria para los amantes del buen vino, PROTOS es un ejemplo de las muchas bodegas subterráneas de la zona, y cuenta con cerca de 2 kilómetros de galerías y 3000 barricas

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Tirando un poco de teleobjetivo pude capturar esta instantánea del famoso “Coso” de Valladolid: ¡eso es una plaza medieval!

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Una fotografía peculiar: uno de los edificios más modernos de Peñafiel junto a uno de los más antiguos (la Torre del Reloj)

3. El castillo de Peñafiel

En el interior del castillo se encuentra una estructura moderna encajonada entre los anchos muros. Se trata del Museo Provincial del vino, que desde 1999 permite conocer y disfrutar del patrimonio enológico de la región con mayor número de Denominaciones de Origen de España: Tierra de León, Ribera del Duero, Toro, Cigales y Rueda, esta última es, por cierto, la más antigua de Castilla y León. Pero como advertí más arriba ya volveremos al vino en otoño. Ahora nos centraremos en el castillo y su historia.

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Me quedo con la “parte aérea”…

El Castillo de Peñafiel es uno de los castillos roqueros más espectaculares de toda la península (en Mallorca existen otros buenos ejemplares). La fortaleza se conoce al menos desde el año 943, en tiempos del rey de León Ramiro II. En 1112 fue alcaide del castillo nada menos que el gran Álvar Fáñez, uno de los más grandes héroes de la Reconquista, cuya fama militar llegó a rivalizar con la del propio Cid Campeador.

El castillo tiene unos 35 metros de ancho (en la parte más ancha) y más de 200 metros de largo, lo que le confiere su famosa forma de barco (se le conoce como el “navío de Castilla”). Se ubica en un promontorio que constituye uno de los puntos más altos de Valladolid, lo que explica las ventajas estrategias para la labor militar que desarrolló durante tantos siglos. Se caracteriza por una Torre del Homenaje de muros anchos (algunos tienen más de tres metros) y una altura considerable (34 metros). Desde la azotea se distinguen perfectamente los patios norte y sur, muy estrechos y angostos.

Llama la atención unas estructuras circulares con una trampilla metálica. En su interior se encontraban unos cubículos que servían de prisión. Eran las famosas “pudrideras”, así conocidas por el hecho de que los presos eran arrojados a ellas para dejarles morir de inanición. Con frecuencia un preso compartía espacio con los restos en descomposición de otros presos anteriores, y de ahí el nombre.

El castillo fue reconstruido en el siglo XV por Pedro Girón, señor de Peñafiel, iniciando un liderazgo que llevaría a la Casa de Girón a mantener el señorío durante varios siglos. El escudo heráldico que luce el castillo representa los reinos de Castilla y León más tres jirones que hacen referencia a una leyenda: los tres jirones de la sobreveste que el rey Don Alfonso cortó cuando Rodrigo de Cisneros le dejó su caballo para que pudiera escapar en mitad de la batalla.

Actualmente el castillo es propiedad del Ayuntamiento de Peñafiel y fue declarado Monumento Nacional en 1917.

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El escudo heráldico de la familia Girón se encuentra visible en cada una de las cuatro caras de la torre del homenaje

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A los lados pueden observarse las estructuras semicirculares de las “pudrideras”
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La semejanza con un navío es innegable

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El patio norte contenía almacenes y aljibes

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Se aprecia con claridad los “tres jirones” a los que alude la leyenda

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A los lados del muro existen huecos donde se colocaban postes de madera que permitían instalar un improvisado techado de tela para proteger a la servidumbre que dormía en el patio

Con el sol poniéndose en el horizonte iniciamos la vuelta a Renedo. La campiña lucía al atardecer unas cepas desnudas, anticipo de la belleza que mostrarán en otoño cuando la vendimia comience y la naturaleza luzca una de sus mejores galas. Y yo, si es posible, ¡estaré allí para contarlo!

4. Enlaces de interés

El Valle de los seis sentidos

Bodegas Protos

Monasterio de Santa María de Valbuena

Las Edades del Hombre

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