Calentando motores

Desde que compré la moto en junio, no ha habido un solo kilómetro sobre ella que no haya disfrutado. Y ya van 7500, que no son pocos. Este verano estuve haciendo unas pequeñas rutas para ir cogiéndole el truco a esto de las dos ruedas. El objetivo era prepararme para la macroruta que mi mentor motero Gulusmero me tenía reservada para principio de Octubre. Cuatro días por los pirineos…

La primera gran ruta (al menos para un motero precoz como yo) me llevó a San Sebastián, donde disfruté del Festival “Jazz al día” y de unas playas preciosas. Luego a Bilbao, a comer buenos pintxos, y siempre con la mejor compañía que un motero puede desear: una chica guapa, simpática y con la que sólo puedes pasarlo bien.

Después de disfrutar del norte, tocó bajar al sur. Allí me esperaba mi amigo Mina, con el que tenía pendiente una ruta por Andalucía. Como era la primera vez que viajábamos en moto juntos (porque en coche han sido muchas e inolvidables las aventuras que hemos vivido, y las que nos quedan…) decidimos hacer una ruta suave, para disfrutar la carretera. Él conocía la que lleva de Córdoba a Granada por la carretera antigua (ahora puede irse cómodamente por autovía, lo cual es magnífico para los coches y tremendamente aburrido para los motoristas). La N-432 transcurre plácidamente por la llamada ruta del Califato, que rodeada de olivos pasa por pueblos como Espejo, Baena, Luque, Alcaudete o Alcalá la Real, y nos permite deleitarnos con sus castillos e iglesias. En Luque paramos en la antigua estación de tren (hoy reconvertida en una suerte de estación de servicio donde degustar el maravilloso aceite de Baena), cuyas vías han sido sustituidas por vías verdes.

La llegada a la playa de La Herradura fue el inicio de unos días espectaculares (como todos los que pasamos siempre allí). Desde la bella Almuñecar iniciamos una pequeña ruta que llevaba tiempo queriendo hacer: la carretera de la Cabra. El nombre, intuyo, se lo dieron no porque fueran las cabras por esos montes tan altos, sino porque hay que estar “como una cabra” para meterse por allí. Estamos hablando de una carretera que va desde el nivel del mar hasta más de 1300 metros. Las vistas son simplemente increíbles.

Después del norte y del sur, tocaría el este o el oeste, pero la verdad es que me dediqué a hacer pequeñas rutas por el centro, es decir, por la sierra de Guadalajara. Junto a mis amigos Gulusmero y Calambres, disfruté del campo, los lagos, los corzos, búhos reales y otros animales que encontramos. La idea era acostumbrarme al campo, a las pistas forestales, o sea, decir adiós al asfalto por un tiempo. El ejemplo más claro lo he tenido hoy mismo, pues he conocido lo traicionero que puede ser el barro y los charcos.

Esto es todo, amigos. Ya he escrito esta pequeña entrada que es un aperitivo para el plato fuerte: la TRANSPIRENÁICA. Pero para eso habrá que esperar un poco…

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